Sigo la crónica política con cierto espíritu crítico, y con
un interés decreciente, pues tengo la impresión de que la política “parlamentaria”,
“partidista”, etc. Que ya no se cómo denominarla, se ha convertido en una
especie de estercolero en el que, salvo raras y honrosas excepciones, han ido desapareciendo
las personas con ideas y principios, y casi todo lo que florece en ese humus
corrupto son personas ambiciosas, personajes criados en los aparatos de los
partidos, burócratas al servicio de los intereses de los poderosos… Y un personaje que, desde que fue nombrado
secretario del Psoe y candidato a las elecciones ha llamado mi atención es Pedro Sánchez y, por derivación, sus escuderos
Antonio Hernando y César Luena (hoy en segundo plano).
He tratado de seguir su evolución en este proceso electoral
sin fin en el que nos hayamos metidos, y mi impresión, aparte de esos tics de
funcionaros del aparato, es que se trataba de “adulescentes” o, por emplear un anglcismo “kidults”. He creído ver a un Pedro Sánchez que, a pesar de haber
obtenido el 20D el peor resultado de su partido, aparecía exultante con un
juego nuevo: la posibilidad de ser presidente del gobierno, sin haber sido la
fuerza más votada y de no haber podido atajar la sangría de votos de su
partido. Deseo frustrado que ha dado lugar a ese enrabietamiento que , a mi
entender, es una de las claves de que nbo se haya podido alcanzar un gobierno
alternativo y de progreso en nuestro país.
Me fijo en la campaña de las nuevas elecciones, en las que
ha repetido hasta la saciedad que el no fue presidente por la pinza del PP y
Podemos. Una mentira que por más que repita no puede convertirse en verdad.
Creo que as responsabilidades estarán repartidas; pero la única pinza que veo
es la que realizaron el Psoe y Ciudadanos para querer colocar a Podemos en un
dilema del prisionero. Bueno, más que
pinza, que entiendo como atrapar a alguien entre dos extremos ideológicos; algo
que aquí no se da, se trataría de una trampa de caza, una lazada circular del
centro izquierda a la derecha para atrapar a una fuerza más a la izquierda y
dejarla inmovilizada.
Pero la fiera no cayó en la trampa, y Pedro no vio
realizarse su sueño (dejando a un lado las trampas que sus propios barones y
compañeros de partido le ponían a él mismo)y desde entonces se ha enrabietado y
se ha encerrado en su ensimismamiento adolescente. Es como si una y otra vez
preguntara al espejo del cuento si no era el más bello y había trenzado la
trampa más perfecta.
Y sigue ahí, añorando su sueño de príncipe adolescente,
incapaz de dar el paso al mundo adulto: lectura crítica de lo que ha pasado;
autocrítica de su juego sucio, sirviéndose de una derecha que a pesar de sus
pretendidos rasgos de nueva política presentaba tics de la vieja y autoritaria
derecha.
Y, encerrado en sus treces, no me votaron, no me quisieron…,
está desempeñando un nefasto papel para poder combatir las políticas
austericidas y multiplicadoras de las desigualdades que sufrimos desde hace
años.
En fin, confiemos en que sea capaz de salir de su
egocentrismo adolescente si, de verdad, quiere servir al bien común.
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