“Son tiempos donde todos están contra todos, donde nadie escucha nadie, tiempos egoístas y mezquinos donde siempre estamos solos” Fito Páez

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jueves, 21 de noviembre de 2013

REFLEXIONES ALGO MÁS QUE INDIGNADAS DE DOS AÑOS DE GOBIERNO DEL PP

Cuando un gobierno trabaja para legisla para defender los intereses de los poderosos, miente y se inventa eufemismos para designar las cosas; tomando al pueblo por ignorante y tonto.

Cuando la realidad (el paro, la pobreza, la precariedad…) no se puede cambiar se cambia el lenguaje (brotes verdes, salimos de la crisis…) haciendo gala de absolutismo y totalitarismo. 

Cuando no se tienen argumentos ni razones, se incrementa la represión y la violencia institucional contra los pobres; se ejerce el terror desde los aparatos del estado para intentar amedrentar a los ciudadanos, para quebrar posibles brotes de unidad y de acción liberadora…

Cuando la corrupción campa a sus anchas entre las élites política y económica, se secuestra y prostituye la justicia, se manipula a los cuerpos policiales, se sanciona a los funcionarios que pretenden ejercer su funciones de control, se sustituyen por cargos de confianza…


Cuando los políticos sólo se ocupan de sus intereses y de los de sus amigos poderosos, el pueblo está obligado a organizarse para defender y construir el bien común y la solidaridad, aunque para ello deba defenderse de la violencia que ejerce un poder que, a la vista de sus actuaciones, ha perdido cualquier legitimación que le hubiera podido conceder el voto de los ciudadanos, incluso con una mayoría absoluta…

domingo, 8 de septiembre de 2013

LA ESTRATEGIA DEL PP TRAS EL VERANO

W.I. Thomas, sociólogo norteamericano, afirmaba un teorema básico para las ciencias sociales: “Si los individuos definen las situaciones como reales, son reales sus consecuencias.” Es la profecía que se autocumple. Y parece ser que es la que ha querido adoptar el Partido Popular a la vuelta de vacaciones, para intentar cambiar el rumbo de su destino, marcado por la corrupción, y porque la ideología que subyace a su proyecto y a sus reformas iba quedando cada vez más desnuda ante los ciudadanos.


Y para ello, todos los líderes del PP, repitiendo la consigna bien aprendida, y asumida en base al principio de jerarquía y mando que preside su vida interna, ha empezado a repetir que vivimos en un país maravilloso, que estamos saliendo de la crisis, que las reformas han sido maravillosas y están dando frutos, incluso que están cumpliendo su programa electoral. No sólo quieren convencernos de que son un partido de éxito, sino que el éxito limpia toda mancha y pecado. 

Y ese es el martilleo que repiten erre que erre. Pero ahí está, para quien quiera verla, la realidad tozuda, tal y como es, tal y como la percibimos: el paro, la precariedad, la pobreza, la miseria, la desesperación…. Y aquí conviene recordar que no hay más ciego que quien no quiere ver; y eso vale tanto para políticos como para los ciudadanos en general. Y esto viene a cuento porque a nadie le gusta que las cosas vayan mal, y a la inmensa mayoría le rechina el tener que tomar decisiones y compromisos para cambiar las cosas; eso lo sabe muy bien el poder. Por ello, la inmensa mayoría tiene la tentación de creerse que las cosas van bien, o irán, y así tranquilizar la conciencia por su no asunción de decisiones y responsabilidades. Un mundo perfecto para que siga avanzando la profunda putrefacción que está corroyendo las bases de nuestra humanidad y de nuestra convivencia. 

Por eso, creo que a la estrategia del PP se le puede catalogar mejor con esa cita que se atribuye a Lenin: "Una mentira repetida muchas veces se convierte en una gran verdad”. Así que han considerado que lo mejor es mentir, que para tapar las mentiras gordas sobre la corrupción no hay mejor estrategia que mentiras más gordas sobre la evolución de la economía.

Pero hete aquí que la realidad siempre da oportunidades para convertirse a la humildad: la derrota de Madrid ante Estambul y Tokio, en la carrera por organizar los Juegos Olímpicos en 2020 (y de paso seguir considerando todo como mercancía), convertida la por el propio PP, en la que estaba en juego nuestra credibilidad, el reconocimiento por el éxito de sus políticas (apelan a las felicitaciones de Obama, del Banco Central Europeo…). Oportunidades que una vez más parece que no se quieren aprovechas: así la elección se califica de tongo; se sigue achacando el fracaso a la política exterior del gobierno del PSOE… en fin, todo menos mirar de frente a los ojos a la realidad desnuda.

miércoles, 31 de julio de 2013

Oración a Dios, de Voltaire, "el ateo"

Ya no es por lo tanto a los hombres a los que me dirijo, es a ti, Dios de todos los seres, de todos los mundos y de todos los tiempos: si está permitido a unas débiles criaturas perdidas en la inmensidad e imperceptibles al resto del universo osar pedirte algo, a ti que lo has dado todo, a ti cuyos decretos son tan inmutables como eternos, dígnate mirar con piedad los errores inherentes a nuestra naturaleza; que esos errores no sean causantes de nuestras calamidades.

Tú no nos has dado un corazón para que nos odiemos y manos para que nos degollemos; haz que nos ayudemos mutuamente a soportar el fardo de una vida penosa y pasajera; que las pequeñas diferencias entre los vestidos que cubren nuestros débiles cuerpos, entre todos nuestros idiomas insuficientes, entre todas nuestras costumbres ridículas, entre todas nuestras leyes imperfectas, entre todas nuestras opiniones insensatas, entre todas nuestras condiciones tan desproporcionadas a nuestros ojos y tan semejantes ante ti; que todos esos pequeños matices que distinguen a los átomos llamados hombres no sean señales de odio y persecución; que los que encienden cirios en pleno día para celebrarte soporten a los que se contentan con la luz de tu sol; que aquellos que cubren su traje con una tela blanca para decir que hay que amarte no detesten a los que dicen la misma cosa bajo una capa de lana negra; que dé lo mismo adorarte en una jerga formada de una antigua lengua o en una jerga más moderna; que aquellos cuyas vestiduras están teñidas de rojo o violeta, que mandan en una pequeña parcela de un pequeño montón de barro de este mundo y que poseen algunos fragmentos redondeados de cierto metal, gocen sin orgullo de lo que llaman grandeza y riqueza y que los demás los miren sin envidia: porque Tú sabes que no hay en estas vanidades ni nada que envidiar ni nada de que enorgullecerse.

¡Ojalá todos los hombres se acuerden de que son hermanos!

¡Que odien la tiranía ejercida sobre sus almas como odian el latrocinio que arrebata a la fuerza el fruto del trabajo y de la industria pacífica!

Si los azotes de la guerra son inevitables, no nos odiemos, no nos destrocemos unos a otros en el seno de la paz y empleemos el instante de nuestra existencia en bendecir por igual, en mil lenguas diversas, desde Siam a California, tu bondad que nos ha concedido ese instante.


Voltaire, "Tratado sobre la Tolerancia" capítulo XXIII 

viernes, 28 de junio de 2013

¿Luces al final del túnel?

Esperemos que no sean las que decía el humorista, las del tren que va a arrollarnos.

Si miramos la realidad, y nos fijamos en las políticas que se vienen adoptando, fácilmente podemos deducir que nos encontramos en una situación fuera de control y con unas perspectivas poco propicias; la extensión de la primavera árabe y de los movimientos indignados son un síntoma, que unido a datos macroeconómicos como la desaceleración de la economía china, las turbulencias monetarias que afectan a las monedas de los países emergentes (India, Brasil, Indonesia y Turquía…) la falta de perspectiva de crecimiento en la zona euro, las caídas bursátiles….
Los dioses del crecimiento en que han depositado su fe nuestros político, a pesar de los constantes sacrificios humanos que les ofrecen, no acaban de sonreírnos ni favorecernos. Y aunque lo saben, no dejan de repetir algunos mantras en tanto esperan los favores de sus dioses: al final habrá crecimiento, estamos tocando fondo…
Pero la cosa no tiene visos de arreglo, y lo deja clara su incapacidad (mejor aún, su negativa interesada) para solucionar la situación a que nos han arrastrado en su búsqueda de propiciar el máximo beneficio a los grandes grupos empresariales y financieros, lo que  a su vez está retroalimentando la corrupción mediante una cadena de favores entre elites, que todavía os empobrece más a los ciudadanos.
En este contexto tenemos que entender el pacto suscrito esta semana por algunos partidos parlamentarios españoles: manifestar claramente la impotencia y volver a una especie de políticas de “stop and go”, de “arre y so”, de austeridad y pequeños estímulos. Lo que traducido a términos claros es una política de cuidados paliativos, que acabará asfixiándonos. Se trata de seguir con las políticas de recortes y privatizaciones al servicio de los grandes capitales, salteada con algún pequeño giño a los grandes y graves problemas que están acabando con la esperanza y la vida de los ciudadanos: el paro juvenil, la asfixia financiera de las pymes… Eso sí, dopaje analgésico que se receta tras constatar como esos grandes partidos se ven salpicados por sus propias recetas: constante pérdida de votos en las encuetas de opinión, creciente desafección de los ciudadanos… Y ante esto es lo que reaccionan.
Cuidados paliativos, además, porque en ningún caso pretenden abordar ninguno de los graves y profundos problemas que afectas a nuestra economía (creciente desigualdad, problemas energéticos y ecológicos…) ya que hacerlo supondría entrar en contradicción con ese saqueo por parte de entidades financieras y grandes empresas que se quiere seguir favoreciendo a toda costa. Por tanto, tampoco cabe esperar nada positivo de ellas.  

Si existen luces, esas son las que van apareciendo con las protestas populares, y que dejan traslucir una importante verdad: en la medida en que se van rompiendo las cadenas que nos atan al sistema (consumo, explotación en el trabajo como medio para consumir…) y nos reencontramos con nuestra naturaleza humana pobre y dependiente, una naturaleza social que depende de la colaboración y solidaridad con los otros para sobrevivir, encontramos el camino por el que transitar para superar nuestros graves problemas, caminos que a menudo nos conducen al desierto…. Pero allí encontraremos nuevas luces. 

jueves, 16 de mayo de 2013

Ha ganado la economía


Artículo de Quim Brugué publicado el 14 de mayo de 2013 en Punt Avui, originalmente en catalán con el título Ha guanyat l'economia.
Ya hace tiempo que los economistas dan lecciones a los políticos, que los empresarios regañan los funcionarios y que, en general, la esfera privada impone su superioridad moral sobre el ámbito público. La economía, sin duda, ha ganado la partida a la política. Paradójicamente, después de su victoria, la economía continúa endosando las culpas de todo lo que va mal a la política. La economía manda cada vez más, pero no se siente responsable de las consecuencias. La política, en cambio, asume las consecuencias, aunque -desbordada y desacreditada- cada día manda menos. Los que juegan el partido -los titulares- han conseguido algo fantástico: cuando ganan es mérito suyo y cuando pierden es culpa de los suplentes.
La victoria de la economía es la victoria de una ideología: de un liberalismo de raíces thatcheristas que desmanteló el discurso socialdemócrata, hasta entonces dominante, y construyó una nueva mirada sobre el mundo, la neoliberal. El triunfo de una ideología no se expresa sólo en las urnas sino, sobre todo, en la capacidad para dominar el lenguaje y los referentes con que interpretamos lo que nos pasa y lo que necesitamos. La victoria de una ideología se produce, pues, cuando gana la hegemonía del discurso, cuando sólo somos capaces de entender el mundo a través de sus gafas. Lo podemos ilustrar con tres ejemplos.
El emprendimiento es el marco de referencia y nos conduce a una sociedad cada vez más individualizada y menos solidaria
En primer lugar, el concepto económico del crecimiento se ha impuesto a la idea política de la cohesión. La realidad la define la evolución del PIB, no los índices de pobreza. El objetivo sensato -y que todo el mundo entiende- es el crecimiento, mientras que la cohesión es un concepto abstracto y que, en todo caso, ya llegará si logramos crecer. Todo el mundo tiene claro que hay que estimular el crecimiento, aunque no se discute el destino. Adelante, parece ser la consigna -sin que nadie explique hacia dónde vamos-. En cambio, si alguien menciona que una sociedad cohesionada es una sociedad más feliz, rápidamente se le califica de soñador incapaz de superar los traumas del 68. El crecimiento es el marco de referencia que condiciona nuestra comprensión del mundo y que, desgraciadamente, nos conduce a una especie de carrera suicida hacia la nada.

En segundo lugar, el concepto de individuo emprendedor se ha impuesto al de sociedad solidaria. Así, ante la grave situación que viven muchas personas, no necesitamos intensificar la solidaridad sino estimular el emprendimiento. Se afirma que quien no tiene trabajo debe inventárselo, y nos quedamos tan tranquilos. Se nos dice que la solidaridad territorial se convierte en expolio, y todos asentimos. Se nos explica que la solidaridad favorece las trampas y el fraude, y lo tomamos con naturalidad. La política -comandada por la economía- despliega programas de apoyo a los emprendedores mientras recorta las partidas de la solidaridad . Y, simultáneamente, la política asume las nefastas consecuencias de una sociedad cada vez más desigual y más polarizada. El emprendimiento, en cualquier caso, es el marco de referencia y, desgraciadamente, nos conduce a una sociedad cada vez más individualizada y menos solidaria.

En tercer lugar, el lenguaje empresarial define en términos clientelares las relaciones entre la política y los ciudadanos. Como pagadores de impuestos, esperamos que la administración dé plena satisfacción a nuestras demandas. Y punto. La política, sin embargo, no puede ser nunca clientelar. La política no se dedica a satisfacer demandas sino que siempre frustra expectativas. La política no puede dedicarse a dar respuestas individuales sino que debe construir proyectos colectivos, donde nadie verá satisfechas la totalidad de sus demandas. La política siempre se sitúa en los grises, nunca en el blanco o negro. Pero eso ya no lo entendemos y, por tanto, la política -sometida a la lógica clientelar- se ve abocada a un fracaso anunciado: prometer satisfacciones individuales que no puede ofrecer. Un marco de referencia, de nuevo, que derrota la política incluso antes de salir al terreno de juego y que, desgraciadamente, deja la victoria en manos de aquellos que están más preocupados por sus intereses privados que por siempre intangible interés público. Ha ganado la economía, ha perdido la política... y así nos va.

miércoles, 17 de abril de 2013

El mundo sindical ante el pueblo

Artículo de Antonio Aramayona publicado en el Periódico de Aragón, hoy miércoles 17 de abril de 2013

Me he sentido honrado y enriquecido de poder sumarme a algunas de las actividades de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) tanto a pie de entidad bancaria, mientras algunos intentan negociar con los directivos del banco o de la Caja los términos de un determinado desahucio, como a pie de Juzgados, a raíz de la subasta de una vivienda o un local previamente objetos de desahucio. He visto allí enormes dramas personales y familiares y algunos de los afectados y las afectadas me han contado casos inhumanos y sobrecogedores.

En la PAH hay personas de distintas edades y culturas, pero tienen como denominador común que se sienten fuertemente concernidas por todos y cada uno de los casos de desahucio que van surgiendo, y no solo buscan resolver su propio caso particular, sino que también apoyan los casos de los demás compañeros. La solidaridad existe nítidamente entre ellos, al igual que la voluntad de resistir juntos las arremetidas de las entidades financieras que les van dejando en la calle.
Cada vez que estoy con esa gente (los problemas de los demás donde quedan lesionados derechos humanaos fundamentales son también mis problemas), me acuerdo de otra gente y otras organizaciones, tan necesarias hoy para la ciudadanía, tan ausentes de la intrincada vida real de la ciudadanía: los sindicatos. Recuerdo las luchas sindicales de los trabajadores, por ejemplo, en Laciana o en la mina de La Camocha durante los primeros tiempos de las Comisiones Obreras, recuerdo nuestro “entrismo” en los sindicatos verticales franquistas, recuerdo el asesinato de los abogados laboralistas de Atocha en 1977 a manos de unos pistoleros de la extrema derecha, recuerdo, en fin, el proceso 1.001 del Tribunal franquista de Orden Público en 1972 donde fueron condenados a cárcel todos los directivos de CCOO. Recuerdo asimismo el apoyo activo de UGT en la revolución de 1934 o su reivindicación militante de pan, tierra y trabajo en la II República, con un alto coste en vidas y sufrimientos de sus militantes.

Durante muchos años, esos sindicatos, aún autodenominados hoy “de clase” y “mayoritarios”, se sintieron y estuvieron concernidos por los problemas del pueblo a pie de mina, fábrica, calle, cortijo o trinchera. Sin embargo, hoy el pueblo los ve distantes y alejados de sus problemas. No se trata de descalificar masivamente la razón de ser y el funcionamiento de las organizaciones sindicales españolas (de eso ya se encarga la acorazada mediática de la derechona hispana), pero sí de señalar el hecho de que no ha sido gratuito o casual que las organizaciones sindicales hayan sido, de hecho, sustituidas ante los ojos de la ciudadanía por otras organizaciones cívicas y sociales, que recogen verazmente las reivindicaciones y las denuncias del pueblo. Y no solo es cuestión de señalar hechos, sino también de preguntarse por sus causas.

Los sindicatos deberían estar, codo con codo, combativamente en cada protesta obrera, con las organizaciones cívicas y sociales alternativas, los movimientos defensores de los derechos humanos fundamentales, incluidos los laborales. Ya no basta sumarse o convocar a una manifestación, organizar una concentración o pertenecer críticamente a órganos oficiales o institucionales. Ya no basta ofrecer a los socios servicios jurídicos, facilidades en determinados comercios y servicios o chapas y banderas identificativas en las convocatorias. Si se me apura, ya no basta con la convocatoria de una huelga general, a no ser que la misma tuviere carácter indefinido. Corren tiempos de urgencia, donde la clase capitalista adormece a la ciudadanía, convertida por decreto en meros peones consumidores, y machaca al pueblo mediante recortes, desempleo y bombardeo mediático alienante.


El mundo sindical parece compartir ese adormecimiento, estar sumido en la anestesia de su adscripción institucional a los engranajes del sistema, emplear mucho más las palabras que las acciones directas y reales para denunciar y combatir el golpe de Estado capitalista que van perpetrando diariamente desde la ideología ultraneoliberal. El pueblo desearía ver alguna vez a sus sindicalistas, especialmente a los profesionales, dirigentes y liberados del sindicalismo, detenidos, multados, lesionados o sancionados por defender los derechos del pueblo en la calle, al lado del pueblo. El pueblo desearía verlos menos veces sentados con los patronos y los gobernantes, tras romper la baraja con esa parte del empresariado tramposo y fulero que echa a la calle a sus trabajadores amparándose en leyes y reformas laborales que los sindicatos no solo deberían rechazar, sino sobre todo combatir por todos los medios noviolentos. De verlo diariamente, el pueblo volverá a confiar en ellos.

El pueblo necesita dirigentes concernidos en cuerpo y alma por los problemas de quienes más padecen esta estafa planetaria, llamada eufemísticamente “crisis”. Y solo comprobará ese compromiso si los ve resistiendo y combatiendo, más allá de los documentos y las declaraciones, con el pueblo, dentro del que los sindicatos deberán volver a ser reconocidos.

viernes, 29 de marzo de 2013

Troleros, tahúres y trileros


Tres términos que definen lo que ha sido y está siendo la política del PP en esta legislatura.

Troleros: por que el gobierno del PP accede al gobierno mintiendo descaradamente acerca de sus propósitos y de las políticas a aplicar, haciendo realidad ese principio de que “en campaña todo vale” si sirve para conseguir el poder. Comportamiento que anunciaba ya una catadura moral que es la que estamos viendo cómo se desarrolla día a día, y que tanto dolor y sufrimiento está provocando en el pueblo español.

Tahúres. Porque la política que está desarrollando está siendo fullera, tramposaventajista. Acusan permanentemente al gobierno anterior para justificar sus medidas; no han cumplido nada de lo prometido, pero lo venden como que no han tenido otro remedio, que es lo único posible; manipulan sistemáticamente el lenguaje para negar la realidad de las barbaries que están cometiendo con los recortes en educación, sanidad, servicios sociales. La misma actitud que mantienen cuando tienen que dar cuenta de su relación con los imputados por corrupción: los Bárcenas, Sepúlvedas y ese largo etcétera… que primero nos mienten diciendo que ya no están en el partido, que no mantienen relación alguna…; luego nos enteramos que siguen contratados por el partido, recibiendo importantes emolumentos sin saber a qué responden (asesorías, ese vago término que sirve para camuflar enchufismos…); luego nos dicen que no se pueden despedir porque son funcionarios del partido, luego se desmienten así mismos y dicen que no era un salario sino una “indemnización que se pactó fue en diferido y como fue una indemnización en diferido, en forma efectivamente de simulación..., de simulación o de lo que hubiera sido en partes de una... de lo que antes era una retribución...”. Y aquí no pasa nada, la falta de catadura moral impregna todo (por no hablar de Ana Mato, y sus increíbles explicaciones de su relación con la trama Gurtel; o Fátima Bañez y sus permanentes insultos a la dignidad de los trabajadores; o el ministro de justicia; o las conexiones de varios ministros con importantes grupos de poder económico, con lo cual son los propios ministros lobbies dentro del gobierno…)

Trileros. Pero no son sólo fullerías, sus actuaciones son tramposas y estafadoras, como el querer manejar las cifras del déficit público, y que las autoridades europeas han tenido que desmentir (primero el hecho de que habían manipulado la realidad para intentar cuadrar sus cuentas –y así evitar una mentira más-, y luego tienen que aclarar que ese engaño no se debe a un cambio de criterio en Europa, sino a la acción manipuladora del gobierno. Pero más grave aún es la actitud del PP con la corrupción, y el uso de todos los recursos del poder para protegerse: ahí está el PP como acusación particular en un caso (el de Bárcenas, Gurtel…) en el que ya claramente se ha establecido que existen indicios fundamentados de financiación ilegal del PP; cuando no se han dado explicaciones suficientemente claras de las implicaciones que revelaban los papeles de Bárcenas..

Pero ahí estamos, quietos en la mata, escandalizados por que los miembros de la PAH o los estafados por las preferentes quieran presionar a los políticos para que sus problemas no se pierdan en la agenda política; pensando que esto es una pesadilla que se va a pasar; esperando que no se sabe quien venga a salvarnos, eso sin, sin mojarnos ni significarnos, por si acaso. Al final va a resultar verdad eso de que cada pueblo tiene a los gobernantes que se merece.