“Son tiempos donde todos están contra todos, donde nadie escucha nadie, tiempos egoístas y mezquinos donde siempre estamos solos” Fito Páez

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jueves, 13 de enero de 2011

El escándalo de la vivienda

Reproduzco a continuación un artículo de JOAQUIM SEMPERE Profesor de Teoría Sociológica y Sociología Medioambiental de la Universidad de Barcelona, publicado en http://blogs.publico.es/dominiopublico/2413/el-escandalo-de-la-vivienda/
Ilustración de Javier Olivares

Según datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), durante los años 2007 a 2009 se habían firmado unas 178.000 ejecuciones hipotecarias (frente a las 47.379 del trienio anterior) y el diario Cinco Días estima que habrá que añadir otras 180.000 en el presente año. De ser así, el total de ejecuciones hipotecarias en los últimos cuatro años ascenderá a más de 350.000. En general, estos expedientes acaban en desahucio en un plazo inferior a un año y el CGPJ señala que las cifras son engañosas, ya que una misma petición puede conllevar la subasta de varios bienes, de modo que “puede ser todavía más alarmante el incremento detectado”.

Las viviendas hipotecadas van a subasta, y son las propias inmobiliarias de los bancos acreedores las que concurren a las subastas y acaban adjudicándose las viviendas a precio de saldo. La ley hipotecaria les permite adquirir el inmueble por el 50% del precio de la subasta pública si esta queda desierta, lo que ocurre en el 90% de los casos.
El aquelarre no termina aquí. El banco desahucia a la familia, recupera la vivienda en pública subasta y sigue cobrando hasta el final la deuda hipotecaria. En los últimos meses, la prensa ha dado a conocer numerosos casos de familias puestas de patitas en la calle y obligadas a seguir pagando la deuda.
El 30 de marzo de 2010 –según señala David Fernández en el semanario catalán Directa (7-04-2010)–, se reunió en Barcelona la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que propone que, en caso de impago, la recuperación del inmueble hipotecado por parte del banco “comporte automáticamente la cancelación de toda deuda”, como ocurre en otros países europeos y en Estados Unidos. Allí, si no puedes pagar, cedes la vivienda y la deuda queda cancelada. ¿Qué sentido tiene aportar como garantía del crédito hipotecario una vivienda si, en caso de que el acreedor no pueda pagar, la garantía del bien no baste y persista la obligación de devolver hasta el último céntimo, incluidos los intereses?
La plataforma señala que esta realidad jurídica “abusiva y extorsionadora se enmarca en una situación de asistencia permanente del Estado al sector bancario”. En efecto, a través de las hipotecas, la banca española ha hecho y sigue haciendo un negocio fabuloso con un bien de primera necesidad. Lo hace con la angustia de cientos de miles de desahuciados o amenazados de desahucio, y lo hace con los afortunados que pueden seguir pagando unas hipotecas contratadas durante la fase ascendente de un ciclo especulativo, con inmuebles sobrevalorados. Según The Economist, esta sobrevaloración ascendía en España al 55% el pasado enero.
¿Acaso deben los bancos españoles protegerse de una alta tasa de morosidad e impago? Los bancos Santander y BBVA afirman que desde 2001 han recuperado hasta el 90% de los préstamos por hipotecas impagadas. Y la Asociación Española de Banca anunciaba el pasado marzo que los beneficios netos de la banca española habían alcanzado en 2009 los 14.934 millones de euros, un 8,9% menos que el año anterior, lo cual no está nada mal para un año de grave crisis en la venta de viviendas. De modo que ni siquiera el impago es una coartada válida para la banca.
Las familias endeudadas se han visto obligadas a cumplir sus compromisos con las entidades de crédito mientras han tenido empleo y los intereses lo permitían. Y cuando no han podido hacerlo, se han quedado sin vivienda. En cambio, con el estallido de la crisis, la banca ha apelado al apoyo del Estado y lo ha conseguido. Unos han perdido lo que necesitan vitalmente. Los otros nunca pierden.
No es de extrañar que entre los años 2000 y 2007 el porcentaje destinado por los hogares españoles a la vivienda pasara del 12,40% al 25,63% del gasto total; es decir, más del doble, según reflejan las encuestas de los presupuestos familiares del Instituto Nacional de Estadística (INE). En cifras absolutas, significa pasar de gastarse unos 80.000 millones de euros en vivienda a más de 200.000 millones. Como son muchos los propietarios de viviendas que las han pagado ya, se deduce que quienes todavía las están pagando les destinan una parte desorbitada de su presupuesto, que puede alcanzar un 40% o un 50% o más entre quienes están todavía atrapados por las hipotecas.
Esto representa una reducción muy substancial del nivel de vida, puesto que queda mucho menos para otros gastos. Tal reducción resulta enmascarada por el hecho de que el PIB ha aumentado un 26,5% en esos ocho años, mostrando una vez más que el PIB es una pésima medida del bienestar, incluido el bienestar material. Los gastos de vivienda son una sangría invisible pero real para la ciudadanía, la sangría que ha permitido engordar a los empresarios de la promoción y construcción de vivienda y a los bancos. La ciudadanía de este país no sólo está perdiendo a mansalva derechos sociales, sino poder adquisitivo. Es un fracaso económico espectacular que una necesidad básica como la vivienda no pueda ser satisfecha por millones de personas o lo sea a un coste enorme, y que esta situación haya empeorado visiblemente en el último decenio. La industria de la vivienda no debe seguir siendo una fuente de negocios abusivos ni un nido de especulación y corrupción. Urge considerarla un servicio público atentamente vigilado y regulado desde los poderes públicos.

lunes, 8 de marzo de 2010

LA POLÍTICA SOCIAL DEL GOBIERNO Y LA PROPIEDAD. EL CASO DEL “DESAHUCIO EXPRÉS”

Al actual Gobierno se le llena la boca diciendo que no va a permitir una rebaja de las conquistas sociales y que va a defender los derechos de los trabajadores, aunque la práctica parece ir por otro lado, como pone de manifiesto la reciente aprobación del llamado “desahucio exprés”, con el cual ya sólo basta con un mes para que el propietario solicite el desalojo de su inquilino a la primera reincidencia. Y esto en tiempos de crisis, con más de 4 millones de parados, y casi otros tantos con contrato precario.

¿Cuál es la lógica? Qué para fomentar el alquiler de viviendas hay que reforzar el poder del capital (aunque sea inmobiliario no deja de ser un capital). Si llevamos esta lógica a la reforma del mercado de la fuerza de trabajo, habrá que aceptar las propuestas de la patronal: contrato sin cotizaciones, sin seguros, … ya que lo importante es trener contento al capital para que el negocio funcione.

Olvida nuestro gobierno socialista, que el problema de la vivienda en España no es un problema de falta de poder de los propietarios (en algún caso puede suceder alguna situación de abuso, que pone de manifiesto la ineficacia de una administración de justicia, convertida en vaca sagrada). Todas las reformas han ido en la línea de reforzar el poder de la propiedad, y no se ha conseguido fomentar ese forma de acceso a la vivienda. Seguramente, porque el problema es más de tipo cultural que de correlación de fuerza entre propietarios e inquilinos; dado que estos últimos si viven de alquiler lo hacen, mayoritariamente, por su falta de recursos para acceder a una vivienda en propiedad. Una forma de pobreza que suele ir acompañada de otras pobrezas, que los hace todavía más vulnerables frente a los propietarios de vivienda.

Seguramente, el mobbing inmobiliario, basado en motivos especulativos, ha sido mucho más frecuente en estos últimos tiempos de boom inmobiliario, que los problemas de desahucio por impago, sin embargo, ni se les da la misma atención, ni se legisla para atajar ese problema en su raíz.

Además, si lo que se pretende es fomentar la vivienda de alquiler no parece que el reforzamiento de la cultura de la propiedad y las soluciones judiciales sean las formas mejores de hacerlo. Mejor hubiera sido una tarea pedagógica para demostrar que la propiedad no es un absoluto, que el derecho a la vivienda, incluso de las personas con recursos escasos, es anterior al derecho a enriquecerse de algunos propietarios; que el derecho a la vivienda es un derecho básico en la constitución, en la declaración de derechos humanos, … y sin embargo recibe menor protección por parte de las autoridades que el único derecho sacrosanto de nuestra sociedad: la propiedad privada.

No es de extrañar que los albergues estén llenos, que muchas familias trabajadoras tengan que recurrir, en lo que para ellas es una situación vergonzante, a Caritas o a los servicios sociales para poder hacer frente al pago de su vivienda; que el número de desahucios se haya disparado, en esa conjunción de dificultades para pagar hipotecas, y mayores facilidades para echar a inquilinos que sufren la crisis.

Reforma del mercado de trabajo (propietarios del capital productivo), reforma de las pensiones (promovida por los propietarios del capital financiero y especulativo), reformas del sistema sanitario (promovidas por grandes holding de capital que buscan desde construir hospitales a gestionar esos servicios); reformas de los servicios sociales, mediante la subcontración promovida por intereses empresariales… ¿A todas va a aplicar los mismos principios el gobierno: la defensa del capital frente a los trabajadores, usuarios, pacientes,…?

Ciertamente, la derecha todavía puede ser más feroz en la defensa de la propiedad, pero eso no justifica la renuncia a otras formas de fomentar y defender el acceso a los bienes y servicios básicos para la vida humana, y si un partido socialista renuncia a su búsqueda e impulso, reduce su socialismo a la socialización de las perdidas entere los trabajadores y los beneficios entre los propietarios.