“Son tiempos donde todos están contra todos, donde nadie escucha nadie, tiempos egoístas y mezquinos donde siempre estamos solos” Fito Páez

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viernes, 28 de junio de 2013

¿Luces al final del túnel?

Esperemos que no sean las que decía el humorista, las del tren que va a arrollarnos.

Si miramos la realidad, y nos fijamos en las políticas que se vienen adoptando, fácilmente podemos deducir que nos encontramos en una situación fuera de control y con unas perspectivas poco propicias; la extensión de la primavera árabe y de los movimientos indignados son un síntoma, que unido a datos macroeconómicos como la desaceleración de la economía china, las turbulencias monetarias que afectan a las monedas de los países emergentes (India, Brasil, Indonesia y Turquía…) la falta de perspectiva de crecimiento en la zona euro, las caídas bursátiles….
Los dioses del crecimiento en que han depositado su fe nuestros político, a pesar de los constantes sacrificios humanos que les ofrecen, no acaban de sonreírnos ni favorecernos. Y aunque lo saben, no dejan de repetir algunos mantras en tanto esperan los favores de sus dioses: al final habrá crecimiento, estamos tocando fondo…
Pero la cosa no tiene visos de arreglo, y lo deja clara su incapacidad (mejor aún, su negativa interesada) para solucionar la situación a que nos han arrastrado en su búsqueda de propiciar el máximo beneficio a los grandes grupos empresariales y financieros, lo que  a su vez está retroalimentando la corrupción mediante una cadena de favores entre elites, que todavía os empobrece más a los ciudadanos.
En este contexto tenemos que entender el pacto suscrito esta semana por algunos partidos parlamentarios españoles: manifestar claramente la impotencia y volver a una especie de políticas de “stop and go”, de “arre y so”, de austeridad y pequeños estímulos. Lo que traducido a términos claros es una política de cuidados paliativos, que acabará asfixiándonos. Se trata de seguir con las políticas de recortes y privatizaciones al servicio de los grandes capitales, salteada con algún pequeño giño a los grandes y graves problemas que están acabando con la esperanza y la vida de los ciudadanos: el paro juvenil, la asfixia financiera de las pymes… Eso sí, dopaje analgésico que se receta tras constatar como esos grandes partidos se ven salpicados por sus propias recetas: constante pérdida de votos en las encuetas de opinión, creciente desafección de los ciudadanos… Y ante esto es lo que reaccionan.
Cuidados paliativos, además, porque en ningún caso pretenden abordar ninguno de los graves y profundos problemas que afectas a nuestra economía (creciente desigualdad, problemas energéticos y ecológicos…) ya que hacerlo supondría entrar en contradicción con ese saqueo por parte de entidades financieras y grandes empresas que se quiere seguir favoreciendo a toda costa. Por tanto, tampoco cabe esperar nada positivo de ellas.  

Si existen luces, esas son las que van apareciendo con las protestas populares, y que dejan traslucir una importante verdad: en la medida en que se van rompiendo las cadenas que nos atan al sistema (consumo, explotación en el trabajo como medio para consumir…) y nos reencontramos con nuestra naturaleza humana pobre y dependiente, una naturaleza social que depende de la colaboración y solidaridad con los otros para sobrevivir, encontramos el camino por el que transitar para superar nuestros graves problemas, caminos que a menudo nos conducen al desierto…. Pero allí encontraremos nuevas luces. 

jueves, 16 de mayo de 2013

Ha ganado la economía


Artículo de Quim Brugué publicado el 14 de mayo de 2013 en Punt Avui, originalmente en catalán con el título Ha guanyat l'economia.
Ya hace tiempo que los economistas dan lecciones a los políticos, que los empresarios regañan los funcionarios y que, en general, la esfera privada impone su superioridad moral sobre el ámbito público. La economía, sin duda, ha ganado la partida a la política. Paradójicamente, después de su victoria, la economía continúa endosando las culpas de todo lo que va mal a la política. La economía manda cada vez más, pero no se siente responsable de las consecuencias. La política, en cambio, asume las consecuencias, aunque -desbordada y desacreditada- cada día manda menos. Los que juegan el partido -los titulares- han conseguido algo fantástico: cuando ganan es mérito suyo y cuando pierden es culpa de los suplentes.
La victoria de la economía es la victoria de una ideología: de un liberalismo de raíces thatcheristas que desmanteló el discurso socialdemócrata, hasta entonces dominante, y construyó una nueva mirada sobre el mundo, la neoliberal. El triunfo de una ideología no se expresa sólo en las urnas sino, sobre todo, en la capacidad para dominar el lenguaje y los referentes con que interpretamos lo que nos pasa y lo que necesitamos. La victoria de una ideología se produce, pues, cuando gana la hegemonía del discurso, cuando sólo somos capaces de entender el mundo a través de sus gafas. Lo podemos ilustrar con tres ejemplos.
El emprendimiento es el marco de referencia y nos conduce a una sociedad cada vez más individualizada y menos solidaria
En primer lugar, el concepto económico del crecimiento se ha impuesto a la idea política de la cohesión. La realidad la define la evolución del PIB, no los índices de pobreza. El objetivo sensato -y que todo el mundo entiende- es el crecimiento, mientras que la cohesión es un concepto abstracto y que, en todo caso, ya llegará si logramos crecer. Todo el mundo tiene claro que hay que estimular el crecimiento, aunque no se discute el destino. Adelante, parece ser la consigna -sin que nadie explique hacia dónde vamos-. En cambio, si alguien menciona que una sociedad cohesionada es una sociedad más feliz, rápidamente se le califica de soñador incapaz de superar los traumas del 68. El crecimiento es el marco de referencia que condiciona nuestra comprensión del mundo y que, desgraciadamente, nos conduce a una especie de carrera suicida hacia la nada.

En segundo lugar, el concepto de individuo emprendedor se ha impuesto al de sociedad solidaria. Así, ante la grave situación que viven muchas personas, no necesitamos intensificar la solidaridad sino estimular el emprendimiento. Se afirma que quien no tiene trabajo debe inventárselo, y nos quedamos tan tranquilos. Se nos dice que la solidaridad territorial se convierte en expolio, y todos asentimos. Se nos explica que la solidaridad favorece las trampas y el fraude, y lo tomamos con naturalidad. La política -comandada por la economía- despliega programas de apoyo a los emprendedores mientras recorta las partidas de la solidaridad . Y, simultáneamente, la política asume las nefastas consecuencias de una sociedad cada vez más desigual y más polarizada. El emprendimiento, en cualquier caso, es el marco de referencia y, desgraciadamente, nos conduce a una sociedad cada vez más individualizada y menos solidaria.

En tercer lugar, el lenguaje empresarial define en términos clientelares las relaciones entre la política y los ciudadanos. Como pagadores de impuestos, esperamos que la administración dé plena satisfacción a nuestras demandas. Y punto. La política, sin embargo, no puede ser nunca clientelar. La política no se dedica a satisfacer demandas sino que siempre frustra expectativas. La política no puede dedicarse a dar respuestas individuales sino que debe construir proyectos colectivos, donde nadie verá satisfechas la totalidad de sus demandas. La política siempre se sitúa en los grises, nunca en el blanco o negro. Pero eso ya no lo entendemos y, por tanto, la política -sometida a la lógica clientelar- se ve abocada a un fracaso anunciado: prometer satisfacciones individuales que no puede ofrecer. Un marco de referencia, de nuevo, que derrota la política incluso antes de salir al terreno de juego y que, desgraciadamente, deja la victoria en manos de aquellos que están más preocupados por sus intereses privados que por siempre intangible interés público. Ha ganado la economía, ha perdido la política... y así nos va.

miércoles, 17 de abril de 2013

El mundo sindical ante el pueblo

Artículo de Antonio Aramayona publicado en el Periódico de Aragón, hoy miércoles 17 de abril de 2013

Me he sentido honrado y enriquecido de poder sumarme a algunas de las actividades de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) tanto a pie de entidad bancaria, mientras algunos intentan negociar con los directivos del banco o de la Caja los términos de un determinado desahucio, como a pie de Juzgados, a raíz de la subasta de una vivienda o un local previamente objetos de desahucio. He visto allí enormes dramas personales y familiares y algunos de los afectados y las afectadas me han contado casos inhumanos y sobrecogedores.

En la PAH hay personas de distintas edades y culturas, pero tienen como denominador común que se sienten fuertemente concernidas por todos y cada uno de los casos de desahucio que van surgiendo, y no solo buscan resolver su propio caso particular, sino que también apoyan los casos de los demás compañeros. La solidaridad existe nítidamente entre ellos, al igual que la voluntad de resistir juntos las arremetidas de las entidades financieras que les van dejando en la calle.
Cada vez que estoy con esa gente (los problemas de los demás donde quedan lesionados derechos humanaos fundamentales son también mis problemas), me acuerdo de otra gente y otras organizaciones, tan necesarias hoy para la ciudadanía, tan ausentes de la intrincada vida real de la ciudadanía: los sindicatos. Recuerdo las luchas sindicales de los trabajadores, por ejemplo, en Laciana o en la mina de La Camocha durante los primeros tiempos de las Comisiones Obreras, recuerdo nuestro “entrismo” en los sindicatos verticales franquistas, recuerdo el asesinato de los abogados laboralistas de Atocha en 1977 a manos de unos pistoleros de la extrema derecha, recuerdo, en fin, el proceso 1.001 del Tribunal franquista de Orden Público en 1972 donde fueron condenados a cárcel todos los directivos de CCOO. Recuerdo asimismo el apoyo activo de UGT en la revolución de 1934 o su reivindicación militante de pan, tierra y trabajo en la II República, con un alto coste en vidas y sufrimientos de sus militantes.

Durante muchos años, esos sindicatos, aún autodenominados hoy “de clase” y “mayoritarios”, se sintieron y estuvieron concernidos por los problemas del pueblo a pie de mina, fábrica, calle, cortijo o trinchera. Sin embargo, hoy el pueblo los ve distantes y alejados de sus problemas. No se trata de descalificar masivamente la razón de ser y el funcionamiento de las organizaciones sindicales españolas (de eso ya se encarga la acorazada mediática de la derechona hispana), pero sí de señalar el hecho de que no ha sido gratuito o casual que las organizaciones sindicales hayan sido, de hecho, sustituidas ante los ojos de la ciudadanía por otras organizaciones cívicas y sociales, que recogen verazmente las reivindicaciones y las denuncias del pueblo. Y no solo es cuestión de señalar hechos, sino también de preguntarse por sus causas.

Los sindicatos deberían estar, codo con codo, combativamente en cada protesta obrera, con las organizaciones cívicas y sociales alternativas, los movimientos defensores de los derechos humanos fundamentales, incluidos los laborales. Ya no basta sumarse o convocar a una manifestación, organizar una concentración o pertenecer críticamente a órganos oficiales o institucionales. Ya no basta ofrecer a los socios servicios jurídicos, facilidades en determinados comercios y servicios o chapas y banderas identificativas en las convocatorias. Si se me apura, ya no basta con la convocatoria de una huelga general, a no ser que la misma tuviere carácter indefinido. Corren tiempos de urgencia, donde la clase capitalista adormece a la ciudadanía, convertida por decreto en meros peones consumidores, y machaca al pueblo mediante recortes, desempleo y bombardeo mediático alienante.


El mundo sindical parece compartir ese adormecimiento, estar sumido en la anestesia de su adscripción institucional a los engranajes del sistema, emplear mucho más las palabras que las acciones directas y reales para denunciar y combatir el golpe de Estado capitalista que van perpetrando diariamente desde la ideología ultraneoliberal. El pueblo desearía ver alguna vez a sus sindicalistas, especialmente a los profesionales, dirigentes y liberados del sindicalismo, detenidos, multados, lesionados o sancionados por defender los derechos del pueblo en la calle, al lado del pueblo. El pueblo desearía verlos menos veces sentados con los patronos y los gobernantes, tras romper la baraja con esa parte del empresariado tramposo y fulero que echa a la calle a sus trabajadores amparándose en leyes y reformas laborales que los sindicatos no solo deberían rechazar, sino sobre todo combatir por todos los medios noviolentos. De verlo diariamente, el pueblo volverá a confiar en ellos.

El pueblo necesita dirigentes concernidos en cuerpo y alma por los problemas de quienes más padecen esta estafa planetaria, llamada eufemísticamente “crisis”. Y solo comprobará ese compromiso si los ve resistiendo y combatiendo, más allá de los documentos y las declaraciones, con el pueblo, dentro del que los sindicatos deberán volver a ser reconocidos.

viernes, 29 de marzo de 2013

Troleros, tahúres y trileros


Tres términos que definen lo que ha sido y está siendo la política del PP en esta legislatura.

Troleros: por que el gobierno del PP accede al gobierno mintiendo descaradamente acerca de sus propósitos y de las políticas a aplicar, haciendo realidad ese principio de que “en campaña todo vale” si sirve para conseguir el poder. Comportamiento que anunciaba ya una catadura moral que es la que estamos viendo cómo se desarrolla día a día, y que tanto dolor y sufrimiento está provocando en el pueblo español.

Tahúres. Porque la política que está desarrollando está siendo fullera, tramposa y ventajista. Acusan permanentemente al gobierno anterior para justificar sus medidas; no han cumplido nada de lo prometido, pero lo venden como que no han tenido otro remedio, que es lo único posible; manipulan sistemáticamente el lenguaje para negar la realidad de las barbaries que están cometiendo con los recortes en educación, sanidad, servicios sociales. La misma actitud que mantienen cuando tienen que dar cuenta de su relación con los imputados por corrupción: los Bárcenas, Sepúlvedas y ese largo etcétera… que primero nos mienten diciendo que ya no están en el partido, que no mantienen relación alguna…; luego nos enteramos que siguen contratados por el partido, recibiendo importantes emolumentos sin saber a qué responden (asesorías, ese vago término que sirve para camuflar enchufismos…); luego nos dicen que no se pueden despedir porque son funcionarios del partido, luego se desmienten así mismos y dicen que no era un salario sino una “indemnización que se pactó fue en diferido y como fue una indemnización en diferido, en forma efectivamente de simulación..., de simulación o de lo que hubiera sido en partes de una... de lo que antes era una retribución...”. Y aquí no pasa nada, la falta de catadura moral impregna todo (por no hablar de Ana Mato, y sus increíbles explicaciones de su relación con la trama Gurtel; o Fátima Bañez y sus permanentes insultos a la dignidad de los trabajadores; o el ministro de justicia; o las conexiones de varios ministros con importantes grupos de poder económico, con lo cual son los propios ministros lobbies dentro del gobierno…)

Trileros. Pero no son sólo fullerías, sus actuaciones son tramposas y estafadoras, como el querer manejar las cifras del déficit público, y que las autoridades europeas han tenido que desmentir (primero el hecho de que habían manipulado la realidad para intentar cuadrar sus cuentas –y así evitar una mentira más-, y luego tienen que aclarar que ese engaño no se debe a un cambio de criterio en Europa, sino a la acción manipuladora del gobierno. Pero más grave aún es la actitud del PP con la corrupción, y el uso de todos los recursos del poder para protegerse: ahí está el PP como acusación particular en un caso (el de Bárcenas, Gurtel…) en el que ya claramente se ha establecido que existen indicios fundamentados de financiación ilegal del PP; cuando no se han dado explicaciones suficientemente claras de las implicaciones que revelaban los papeles de Bárcenas..

Pero ahí estamos, quietos en la mata, escandalizados por que los miembros de la PAH o los estafados por las preferentes quieran presionar a los políticos para que sus problemas no se pierdan en la agenda política; pensando que esto es una pesadilla que se va a pasar; esperando que no se sabe quien venga a salvarnos, eso sin, sin mojarnos ni significarnos, por si acaso. Al final va a resultar verdad eso de que cada pueblo tiene a los gobernantes que se merece. 

lunes, 25 de marzo de 2013

¿Chipre es diferente?

Fuera manos de Chipre

Después de largas negociaciones (trapicheos) el acuerdo alcanzado para “salvar” Chipre presenta notables diferencias con los acuerdos aplicados en España, Grecia, Portugal, Irlanda…y que fundamentalmente consiste en que en el caso de Chipre buena parte de los costes serán trasladados a los accionistas y a las grandes fortunas (aquí nos acordamos de los afectados por las preferentes) y grandes empresas que evaden impuestos en el país, mientras que en los otros casos la mayor parte del coste ha sido trasladada íntegramente al ciudadano de renta media y baja.
¿Acaso es que han cambiado de opinión los líderes europeos y les ha entrado algo de conciencia? Pues va a ser que no, que este distinto comportamiento tiene que ver con la diferente nacionalidad de los acreedores en un caso y en otro. Así, mientras que en el caso de España, Portugal Grecia e Irlanda los acreedores eran fundamentalmente bancos alemanes y franceses, en el caso de Chipre los acreedores son básicamente empresas y fortunas extracomunitarias, destacando las prevenientes de Rusia. Si unimos esta constatación al hecho de que sean los dirigentes alemanes y franceses los que llevan la voz cantante en la troika, se comprende mucho mejor el tratamiento desigual en la crisis chipriota.
Queda claro, por tanto, que no es verdad eso de que se ha hecho lo que había que hacer, que no queda otro remedio,… Nuestros gobernantes reducidos como vasallos de los grandes capitales alemanes y franceses (los mismos a los que se les llena la boca con la patria y esas cosas). También nuestros medios de comunicación, como evidenció ayer el País al censurar y retirar un artículo de Juan Torres López que se titulaba “Alemania contra Europa”, 

Economía de la Salvación: fuera de los Pobres no hay Salvación


La cercanía y el compartir con los pobres (desde experiencias diversas en el Tercer Mundo, en acogidas de Cáritas, en la opción por vivir en un barrio obrero, desde el contacto con ancianos en residencias, transeúntes….) descubrimos un rostro nuevo, de los pobres y de la pobreza.

Los pobres nos interpelan. Sin caer en idealismos, descubrimos en la vida los pobres importantes interpelaciones: en su mayor capacidad para compartir, en su mayor apertura, su  mayor “naturalidad” a la hora de afrontar sus problemas (al rico le cuesta más mostrar sus problemas y los oculta, le preocupa más la imagen), su visión el mundo, su sentido de libertad… y nos enseñan que se puede vivir con menos y con más austeridad; que con pocas cosas se puede vivir bien y ser feliz. Nos ayudan a cuestionarnos acerca de nuestro nivel de consumo:¿realmente necesito esto?, ¿de verdad es una necesidad?
Y, sobre todo, nos interpelan a través de la  conciencia de su propia dignidad, por eso, lo que más valoran es que se respete su dignidad, y lo que más les duele es que se les humille en su dignidad, que se les desprecie, ya que quedan reducidos a un don nadie, a gente sobrante.
Por eso, la presencia de los pobres es necesaria en la iglesia y en la sociedad. Pero más aún, es necesario su protagonismo, pues son ellos quienes pueden liberarnos, ya que no solo nos interpelan, sino que los pobres nos hacen cambiar, y nos enseñan algo fundamental y que es el culmen de la salvación: que todo lo que tenemos es pura gracia; que el comienzo de nuestra vida, así como el de nuestra salvación, nos ha sido dado gratis. Y aprendemos con ellos que el principio de esta salvación no es la propiedad, ni el derecho… si no el aprender a recibir, algo que cuesta, porque implica sentirnos necesitados, sentirnos pobres…
Esto es, implica ir a contracorriente de lo que es habitual en nuestra sociedad, donde el ser se confunde con el tener; donde la felicidad se identifica con el consumo… Una sociedad en la que el dinero tiene un gran poder de seducción, y que repite hasta la saciedad: si tienes más será más y podrás ayudar más…; incluso en los ambientes  eclesiales se afirma que con más recursos evangelizaremos mejor, olvidando que se trastoca de manera sustancial la relación con el pobre.  Todas estas promesas del dinero sólo impone una limitación: no criticarás al dios dinero.
Una gran tentación que no es fácil discernir, pues está totalmente incardinada en nuestra vida cotidiana, en la que el dinero invade y contamina casi todo: la promoción humana se interpreta como ganar dinero y como más responsabilidad y más participación; una profesión buena es la que se gana mucho dinero, y no en la que se ejerce como vocación de servicio;… Una vida que permanentemente nos empuja al enriquecimiento y a situarnos al lado de los ricos, alejándonos de los pobres, vistos como fracaso. Esto es, nuestra vida cotidiana está llena de llamadas a hacer alianzas con el dios dinero, un dios que es irreconciliable con el Dios cristiano.
Conviene recordar que cuando falla la seducción, el miedo y la violencia son las otras grandes armas del sistema al servicio del dios dinero. Cuando no te dejas seducir se recurre a hacerte la vida imposible, negándote los derechos, privándote de recursos, incluso de la libertad.
Y no es extraño que el dios dinero y sus apóstoles tengan miedo a la gracia. Pues si descubrimos que lo que tenemos nos es dado, entonces no tiene sentido el derecho a la propiedad privada; el sentido de nuestras vidas será el de ser buenos administradores de todo lo que hemos recibido. Si yo tengo más cualidades, es para ponerlas al servicio de los demás, no para aprovecharme, enriquecerme o trepar a costa de los demás… Tendrá que cuidad de la vida, de la propia y de la de todos, de la naturaleza… Todo lo que tenemos es recibido y lo contrario es vivir en la mentira y el engaño.
Desde esta clave, hacemos una nueva lectura de la realidad actual y, cuando vemos las grandes diferencias, por ejemplo de salarios, de oportunidades… tenemos que concluir que es un robo, a la sociedad, a los demás. San Ambrosio decía que lo que te sobra no te pertenece: “el pan que tú guardas pertenece al hambriento. Los vestidos que tienes en tu cofre, al desnudo. El calzado que se pudre en tu casa, al descalzo. El dinero que atesoras, al necesitado” (San Basilio, Homilía sexta, PG 31, 277). Y esto es así porque Dios ha dispuesto que el progreso humano haga posible en cada época que todo hombre tenga, a partir del trabajo y la naturaleza, lo necesario para una vida digna. Pero el acaparamiento excesivo, lo superfluo, y el dispendio tienen siempre razón de injusticia.
Por eso, tenemos que aprender a prevenir y evitar la enfermedad del rico, consistente en acumular y no compartir lo que se tiene (sea poco o mucho) y por la que los ricos y poderosos se aprovechan de lo que no es suyo; y la forma de lograrlo es asumir como actitud básica el no aferrarse a nada de esta vida.
Y para lograr resistir a esa feroz seducción del dinero sólo hay una solución, la que nos enseña S. Francisco de Asís: dejarse seducir por el crucificado, y aunque no es fácil, podemos seguir el camino que nos enseñó el propio Jesús: ir a los pobres sin superioridad, sin complejo de salvadores… ir a estar, a recibir la fuerza de los pobres, desde el crucificado. Así podremos vencer también nosotros las grandes tentaciones que, a menudo, se esconcen detrás de ese complejo de salvadores y liberadores, que tan peligroso resulta; ya que el proceso es justo al revés, de los pobres recibimos luz y salvación. 

jueves, 21 de marzo de 2013

Hipocresía suma.


El incremento de la presión sobre los políticos, para que temas objeto de grave preocupación por la ciudadanía, como los desahucios o las preferentes, son denunciados por la sociedad biempensante como acoso, como presión ilegal para cambar la opinión de los diputados, concejales… Ayer apelaba a ello el señor Pons,  o al ministro de justicia Gallardón señalando, con rostro angelical,  que esas acciones son presiones para hacerles cambiar el voto; como si el voto personal de los diputados valiera de algo, y no supiéramos que obedecen ciegamente a la disciplina de voto; como si sistemáticamente no vendieran su alma al diablo, cerrando los ojos  para seguir proclamando su inocencia; tapando sus narices, para evitar el hedor de las políticas que ejecutan.
Ya está bien de mentiras e hipocresías. Resulta que cuando el pueblo tan solo dispone de sus manos y su voz para defenderse de las mentiras y los abusos del poder, mediante carteles y consignas coreadas, se criminaliza.

Resulta que la sociedad biempensante y políticamente correcta no son violencia los lobbies financieros, los de las eléctricas, las farmacéuticas, las constructoras… No son violencia los múltiples casos de corrupción que han salpicado hasta las cúpulas más altas de los principales partidos; no es violencia el control de la judicatura por el poder político, sobre todo para protegerse cuando esos casos de corrupción saltan a la palestra; no es violencia el secuestro de la política por los intereses económicos (basta mirar los intereses personales de buena parte de los ministros, sus complicidades con grupos y sectores empresariales….
Solo consideran violencia la acción del pueblo cuando decide levantar su voz y ocupar el espacio público para ejercer un control sobre unos políticos que han accedido al poder mintiendo al pueblo, y se mantienen mintiendo y engañando. Cuando el pueblo decide recuperar su soberanía popular constantemente prostituida por una clase política inmoral y servil ante los grandes poderes.
Sabemos lo que da de sí y a dónde nos ha llevado la política de buenos modales para alejar al pueblo de cualquier forma de control, de que quiera arrogarse más poder que el ejercicio del voto cada cuatro años. Se criminalizó a los movimientos antiglobalización, al 15M, a stop desahucios… se les acusa de antisistema, se les persigue y detiene, aunque no exista base jurídica, y los jueces contradigan a los políticos en el poder, que alientan esta criminalización, algo de lo que en el PP son especialistas.
Vimos como criminalizaron el movimiento “rodea el congreso”; hoy mismo detienen a treinta activista por ocupar un banco malo en protesta por los desahucios, y se les acusa de ocupar un espacio abierto al público. Una vez más, atemorizar, intentar amedrentar a la población., y hacerlo a unísono en todos los medios de comunicación, asemejando a las personas que protestan con terroristas….
Cada vez toma más fuerza y realidad el “no nos representan”, slogan que cada vez atañe a más instituciones que las políticas (medios de comunicación, patronales, incluso buna parte dlas cúpulas sindicales) que actúan como cinturón de seguridad de este sistema corrupto y corrompido al que no lo quedan más que los últimos estertores. No sabemos cuál será la alternativa que se imponga, pero sin duda tendrá que tener en cuenta todas esas necesidades populares que hoy hay que defender incluso con el riesgo de ser desprestigiados y privados de libertad.
Responsabilizamos a muchos de esos biempensante, pues no hay más sordo que el que no quiere oír, ni ciego que el que no quiere ver, y de esos hay muchos.