“Son tiempos donde todos están contra todos, donde nadie escucha nadie, tiempos egoístas y mezquinos donde siempre estamos solos” Fito Páez

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viernes, 22 de julio de 2011

"¡Que no, que no, que no nos representan!"

No sólo no nos representan, sino que son las antítesis de los valores que queremos defender y que consideramos necesarios para regenerar la vida política. En todo caso representan el más claro ejemplo de los niveles de degradación de nuestros políticos. Si tuviéramos que actuar como agencia de calificación de políticos su calificación estarían por debajo de la de “político basura” y podríamos llamarlos “políticos detritus”, ya que son residuos en descomposición, materia muerta que lastra la vida política de nuestra sociedad.  
En los últimos tiempos asistimos, a diario, a lecciones de lo que esto supone; a la creciente perversión de una clase política que, incapaz de hacer frente a las agresiones del capital hacia los trabajadores y los ciudadanos, se dedica a enmascarar su incompetencia llenando sus bolsillos. Su inmoralidad llega a tales extremos que no tiene empacho en alegrarse y celebrar sus propias hazañas de corrupción.
Eso es lo que podemos extraer de las declaraciones del Sr. Rajoy, y de otros dirigentes de su partido, que pretenden convertir la dimisión de un personaje como el Sr. Camps en un acto de grandeza. De hace de una renuncia exigida por el partido ante su inminente presencia en el banquillo de los acusados por un delito de “cohecho pasivo impropio” (¡que lenguaje más refinado utilizan con los poderosos!), como un ejemplo de moralidad y honestidad. (Y ello sin necesidad de echar leña al fuego: de recordar que le permitieron hace escasos meses presentarse a las elecciones, sabiendo que la comunidad valenciana que presidía apestaba por todas las esquinas; sin necesidad de recordar que los actos de corrupción que llegan a los tribunales son sólo la pequeña punta de un enorme iceberg que en su 99,99% sigue permaneciendo oculto, y nos exige tratarla con tolerancia cero; sin recordar que, tras la cuestión de los trajes están todas las formas de contratación irregular que desvía el dinero público a bolsillos de empresas privadas, a bolsillos de políticos sin escrúpulos, a las arcas de los partidos, ... convirtiendo a los trabajadores y a los ciudadanos en nuevos siervos de la gleba que deben ofrecer el fruto de su trabajo a los nuevos señores feudaes.  
¿Grandeza estar acusado de dejarse influir en la gestión de los asuntos públicos por intereses privados? Desde luego contamos con una casta de políticos que ni nos representan ni tienen legitimidad alguna para representar los intereses de la ciudadanía y defender el bien común. Tamaña desvergüenza denota la descomposición moral de estas élites políticas que pretenden imponer pautas de comportamiento a la ciudadanía.
No cabe duda de que los movimientos que surgen como Democracia Real Ya, el 15-M, y otros similares demuestran que la ciudadanía empieza no sólo a darse cuenta de la calaña de una buena parte de los políticos, y se están poniendo manos a la obra para acabar con esta situación que apesta.
No olvido que, en el otro platillo está que buena parte de estos políticos siguen con el voto y el apoyo de muchos ciudadanos que parecen no hacerle ascos a la corrupción, al uso de los cargos públicos para enriquecimiento personal,...  Esto ha de llevarnos a tomar conciencia de la pobreza que todavía nos acompaña, que nos subyuga y que nos impide ser libres.
Ojala hubiera muchas más personas con la lucidez que demuestra José Luis Sampedro en este vídeo que, aunque se refiere a la visita del Papa, hace una clara referencia a las condiciones subjetivas necesarias para la democracia.
Disfrutarlo, e indignaros con declaraciones como las del Señor Rajoy que pretenden tomarnos a los ciudadanos por inútiles, siempre dispuestos a bailarles el agua y reír sus gracias.



martes, 19 de julio de 2011

¿Prepotentes e incumplidores?

Juan Rosell, Presidente de la CEOE acaba de realizar unas declaraciones, en un acto público organizado por El Economista y Ernst & Young, que recogen todos los medios de comunicación, en las que expone su propia receta para salir de la crisis; en concreto:
Parados: acabar con aquellas personas que se apuntan al paro “porque sí”. “Quien se apunte al paro porque sí, habrá que decirle que no”. Además, todos los parados inscritos en los servicios públicos de empleo deben formarse al mismo tiempo que cobran la prestación.
Funcionarios. Acabar con los funcionarios “prepotentes e incumplidores”. Para ello el líder de los empresarios apuesta por evaluarles para castigarles  y hacerles ver que “no son dueños” de su puesto de trabajo.
Otras medidas (y otros culpables de la crisis) los trabajadores que cogen bajas, para los que propone que se penalice (aún más) el absentismo laboral, los enfermos, que abusan de las visitas al médico; los estudiantes (fracaso estudiantil) a los que un fracaso se les puede consentir, pero que esté ocho años para acabar una carrera de cinco, no se les puede consentir….
Como corolario, señala que para salir de la crisis habrá que hacer sacrificios y trabajar mucho y con “coraje”. Eso sí, sin especificar quien.
No deberían sorprendernos estas declaraciones, ya que están en la línea que vienen manteniendo los grandes poderes económicos, y las fuerzas políticas más afines a ellos, mientras siguen enriqueciéndose a costa de la inmensa mayoría de ciudadanos. Deberíamos aprender, sin embargo, para desmontarlas, las estrategias que utiliza, dándoles la vuelta y aplicándoselas a los propios empresarios.
Entre esas estrategias destacaría tres:
-          Confundir la oveja negra con el rebaño; esto es, generalizar algunas posibles conductas abusivas a todo un colectivo indistintamente;
-          Fomentar la “guerra entre pobres” para distraer la atención de los verdaderos responsables de la situación económica y social que padecemos. Se trata de enfrentar a funcionarios con trabajadores por cuenta ajena; a empleados con parado; a inmigrantes y personas mayores (que en los círculos neoliberales son los que consumen muchos recursos en sanidad, servicios sociales,…) con el resto de la población; a estudiantes buenos con malos,…  
-          “Regalar” los oídos de la audiencia, diciéndoles lo que quieren oír.
Pero si le damos de su propia medicina, tendríamos que decir:
-          Confundiendo las ovejas negras con el rebaño; que habría que detener a los empresarios como criminales, que no aplican medias de seguridad, que abandonan a trabajadores accidentados a las puertas de los hospitales; … que deberían ir a la cárcel por evasión de impuestos, por colocar sus ganancias desorbitadas en paraísos fiscales, por obtener buena parte de sus beneficios de actividades vinculadas a la corrupción y a la connivencia con una clase política corrompida con sus dineros,…
-          Puestos a comentar la “guerra entre pobres” tendríamos que decir que es la gran patronal, estrechamente aliada con los poderes financieros, la que está estrangulando y asfixiando a las pequeñas y medianas empresas, obligándolas a cerrar y despedir a sus trabajadores, mientras ellas se enriquecen a costa de ayudas y subvenciones públicas, de favores para obtener mercados cautivos, …;
-          Para alegrar los oídos de la audiencia afirmamos que, como en Islandia, los responsables de la crisis deberían ser juzgados y encarcelados, que deberían pagar sus fechorías; que deberían responder por su irresponsabilidad al boicotear las políticas, reformas y negociaciones promovidas por el gobierno, buscando no se sabe bien que oscuros intereses,…
Vistas estas estrategias comunicativas, algunas cuestiones particulares sobre las afirmaciones del Señor Rossell:  
La consideración de que los funcionarios son “prepotentes e incumplidores” y una patología prioritaria a atajar es una afirmación que no se sostiene. No parece que la “prepotencia” sea el rasgo típico de los funcionarios, sino más bien de todos esos personajes embutidos en traje oscuro y corbata, y que tanto abundan entre empresarios y “políticos” que sufren mal de altura.
No parece evidente que “incumplimientos y trabajos mal realizados” sean un rasgo distintivo de los funcionarios, al menos si nos asomamos a las oficinas de defensa de los consumidores, pues en ella encontramos que la mayoría de denuncias tienen que ver con servicios de las empresas privadas (empresas de telefonía, bancos,…) y que, proporcionalmente, son mayores que las quejas por el funcionamiento de los servicios públicos, de forma abrumadora.
Respecto a los funcionarios como patología a extirpar, no creo que sea una forma de acabar con la crisis económica y el paro, sino una estrategia para que la empresa privada extienda sustentáculos a actividades como la educación, sanidad, servicios sociales,…  con los que seguir amasando enormes masas de beneficios; política que, por otra parte, hará crecer el número de personas sometidas permanentemente a la crisis, ya que no podrán disfrutar de esos servicios, al menos con la calidad que los vienen recibiendo hoy.
Considerar que quien está en paro es “porque sí”, en un contexto de enorme crecimiento de la marginación y la exclusión debido a la expulsión de millones de personas del puesto de trabajo, no sólo denota una ignorancia supina de la vida social “a pie de calle”, sino una irresponsabilidad difícil de justificar. Ciertamente existen parásitos en la vida económica y social, pero estos hay que buscarlos en otro lado: entre empresarios cuyo único mérito para ascender es el de ser parientes, herederos, amigos… O entre los Consejos de Administración de las grandes empresas, con sus sueldos desorbitados, y toda la retahíla de privilegios –jubilaciones multimillonarias incluidas, que se auto asignan, etc.
También es cierto que hay funcionarios incumplidores que, a la vista de los resultados, no se ganan sus retribuciones. En concreto, esos funcionarios que ocupan puestos en la Administración (generalmente altos cargos) cuya responsabilidad es la de controlar a las grandes empresas: la competencia desleal de los empresarios, los fraudes de las que perciben subvenciones, a las que obligan a sus trabajadores a cobrar menos por trabajar más, a las que tienen entramados empresariales para eludir sus obligaciones fiscales, a las que establecen connivencia con los político a través de la contratación pública para lucrarse, ….
Que cierto es eso de que la realidad es según el color del cristal con que se mira. Desde nuestra óptica hay que acabar con mucho empresario especulador y corrupto, cuando no delincuentes que defraudan y estafan a la mayoría de los ciudadanos, con funcionarios corruptos y que no ejercen sus tareas de vigilancia… Ciertamente coincido con el Sr. Rosell en la necesidad de reformas profundas, aunque discrepo en cuáles son las más urgentes.

jueves, 30 de junio de 2011

San Sebastián Capital Cultural Europea en 2016 y el Sr. Belloch

Con motivo de la designación de San Sebastián como Capital Cultural Europea en 2016, se han desatado las iras de otras ciudades contrincantes, en particular las del alcalde de Zaragoza Juan Alberto Belloch, dispuesto a impugnarlas porque, en su opinión, en la elección han pesado motivos políticos. 

Las pretendidas razones de índole política que en opinión de los descontentos con la nominación de San Sebastián se basan en unas palabras del presidente del comité de selección en las que señalaba “La cultura como vehículo para la paz, para luchar contra la violencia” entre los argumentos que se apoyaba esa designación. 

Este retorcido argumento no puede ser fruto de la ignorancia, ya que San Sebastián concurría a esta competición con el eslogan: “Olas de energía ciudadana, cultura para la convivencia”. Esto es, que el eje del proyecto donostiarra era la idea de la cultura como instrumento para superar la violencia y construir la convivencia, y había sido decidido años antes de las elecciones que dieron el triunfo a Bildu. Así, en su proyecto se dicen cosas como: “San Sebastián lleva años combatiendo la barbarie desde el impulso de la cultura de la paz y la educación en valores, y reconociendo a las victimas con el apoyo cívico y ético de las instituciones y los ciudadanos…” “Necesitamos aprovechas esta oportunidad para impulsar nuestra propia reconstrucción moral y cultural”. Tampoco hay que olvidar que su mapa de la travesía cultural estaba construido en torno a tres verbos capitales: con=viviendo, con*versando, con>fluyendo y en torno a una serie de proyectos faro: semillero de paz y concordia; los ríos de la vida; mar de voces; puerto abierto; puente de tránsitos, paisaje de la (bio)diversidad; que se concretaban finalmente en diferentes programas. 

Ideas que, por otra parte, nadie cuestionó con anterioridad a la elección de San Sebastián.  Instituciones y ciudadanos que no han cambiado por el hecho de un resultado electoral distinto. Reconstrucción moral y cultural que siguen siendo un proyecto político de primer orden, que nadie debería cuestionar.
El argumento de la politicidad de la elección, así como la desmedida reacción del señor Belloch, denotan otras cosas, entre las que no son ajenas el fin del sueño faraónico del alcalde de Zaragoza, queriendo legitimar su puesto en grandes proyectos (sus socios de gobierno le hacen renunciar a las Olimpiadas, ahora se desvanece la capitalidad europea y, además, quedan sentadas las bases para que quede excluido también de la “exponabo”. Rabietas de niño mimado que no alcanza sus caprichos (a costa de las aportaciones ciudadanas).  

Otra cuestión que denota, a mi entender, es un claro analfabetismo. ¿Qué idea tiene el Sr. Belloch de la cultura y qué idea de la política? ¿La cultura como pan y circo, al tiempo que mercancía que permite ingresos extraordinarios?, ¿la política como grandes obras realizadas por grandes personajes, sin importar las necesidades de los ciudadanos y otras menudencias por el estilo que la historia no tendrá en cuenta?

Reivindiquemos y celebremos el carácter POLÍTICO de la cultura, y alegrémonos de que se le ofrezca una oportunidad a las olas de energía ciudadana para intentar poner fin a uno de los conflictos más graves de nuestro país en los últimos años. 

Utilizar la cultura como arma arrojadiza, tal y como han hecho el Sr Belloch y los representantes de otras ciudades, sí que es convertir la cultura en “política”, pero de la mala, de la que se escribe con minúsculas, de carácter partidista y totalitario, ya que reniegan de las propias bases democráticas en que se apoyan, desacreditando la voluntad popular expresada en las urnas cuando no coincide con la suya.   

Apostemos por la cultura como instrumento para superar la violencia y construir convivencia.

viernes, 24 de junio de 2011

Constitución de los gobiernos autonómicos y recortes: ¿Dónde está el dinero?

La cantinela que más se repite estos días, especialmente por los ganadores en las elecciones,  que no hay dinero para el gasto público. Se refuerza esa afirmación con otras, como por ejemplo, que el anterior gobierno dejó deudas mayores de la que decían; que la crisis está disminuyendo los ingresos mientras aumentan los gastos públicos… En resumen, nos dicen alto y claro que no hay dinero para cubrir los gastos del sector público. Por eso, dicen, están obligados a efectuar recortes en los presupuestos, más aún si tenemos en cuenta las restricciones sobre el déficit público que marca  el Estado para poder cumplir con las exigencias de Bruselas. Y ello apoyados en una visión, que tiene mucho más de ideología que de ciencia, según la cual cualquier déficit es perjudicial, sin considerar siquiera si en la situación actual de crisis en que nos encontramos pudiera ser necesario algún impulso público a la economía. 

Pero, más allá de las evidencias que parecen desprenderse de una mirada que se queda en la inmediatez del corto plazo, hemos de adoptar una perspectiva más amplia, necesaria para desarrollar nuestra mirada crítica. Así, resulta que nuestro país, a pesar de la crisis, produce el doble de riqueza que en 1978, mientras que la población no ha crecido tanto. Entonces, ¿dónde está la riqueza de este país? ¿Cómo es que producimos más riqueza y no llega para el gasto social? ¿Dónde va a parar la riqueza que se produce?  

Una primera aproximación: según datos de distribución de la distribución funcional de la renta en España (que es un buen indicador de la relación de poder entre capital y trabajo existente en una economía) la participación del trabajo (salarios) en la misma no sólo no ha recuperado los niveles anteriores a la crisis de los años 70, sino que incluso en el periodos de crecimiento ha venido debilitándose. Hoy, de toda la producción, cerca de un 46% va al trabajo, y un 54% en el capital, y a partir de ahí se pagan los impuestos que cubren los gastos del sector público. 

Otras preguntas interesantes de hacerse giran en torno a ¿Quién paga y cuánto? ¿Cómo se está distribuyendo la riqueza que se produce en el país?. Brevemente podemos señalar que, sgún los datos sobre la contribución fiscal en España en el año 2010, la recaudación fiscal sobre los impuestos de la renta del trabajo (IRPF) y los impuestos sobre el consumo (IVA), impuestos que pagamos todos los ciudadanos, tuvieron una carga fiscal del 87% del total de los ingresos fiscales frente al 9,7% del impuesto de sociedades que pagan las empresas y del 1,7% con el que contribuyen las empresas internacionalizadas por los beneficios obtenidos por sus filiales en el extranjero. Resulta obvio que la mayor carga fiscal en España está siendo soportada por los ciudadanos, como trabajadores y como consumidores. El tópico de que las empresas pagan muchos impuestos se cae por su propio peso. 

Por otra parte, si nos fijamos en los contribuyentes empresariales, resulta que son las Pymes y los autónomos los que están detrás del 9,7% del impuesto sobre sociedades, con una tasa efectiva sobre los beneficios mayor que el de las grandes empresas.

Resulta vejatorio que en este contexto, en el que el esfuerzo fiscal recae sobre los contribuyentes más débiles (rentas del trabajo, pensiones, PYMES y autónomos), se siga proponiendo, como únicas salidas a la crisis sean las de la reducción del déficit y la del recorte del gasto. Y esto mientras que las empresas internacionalizadas, cuyos beneficios están gravados con un 30%, no llegan a pagar más de un 10% por exenciones, deducciones y otras figuras fiscales, resultando extremadamente llamativo que una mayoría de las empresas del IBEX 35 tengan presencia en los denominados paraísos fiscales.

Permanentemente nos hablan de que debemos reducir el gasto público. Pero ¿qué pasa con los ingresos? Parece lógico que si aumenta el gasto deberían aumentar también los ingresos. La actividad del sector público -estatal, autonómico, local- se financia con los impuestos, y éstos provienen de la riqueza que produce la sociedad. Si en conjunto somos el doble de ricos que al inicio de la Transición, ¿cómo es que las administraciones públicas no disponen del doble de recursos? Por el contrario, los ingresos públicos han disminuido a consecuencia del tsunami inmobiliario, por la caída de la actividad económica y debido a una imposición regresiva centrada en la presión fiscal a las rentas del trabajo, que actualmente se han visto reducidas por el descenso del empleo. 

El problema del gasto público no es que no haya suficiente dinero, sino que no aumentan los ingresos como debiera. En principio, quien más tiene y más gana tendría que pagar más para mantener los gastos de toda la sociedad, pero desde hace más de diez años, los impuestos de los que más tienen han disminuido, y en contrapartida suben los de la población en general, que vive precisamente de su trabajo: ha disminuido el tipo del IRPF de los más ricos, se han eliminado los impuestos sobre el patrimonio y, prácticamente, el de sucesiones y el de operaciones societarias, el impuesto sobre el beneficio de sociedades es muy bajo. 

Por si fuera poco, existen figuras que permiten que los grandes inversores paguen muy poco (SICAV y Fondos de inversión). Por no hablar del escándalo de los 80.000 millones al año de fraude fiscal en el conjunto del estado español y las pocas ganas de reducirlo. Claro que gracias a la burbuja inmobiliaria la hacienda pública ingresaba bastante dinero. Y que han aumentado mucho el IVA y otros impuestos como la gasolina, lo que significa que la mayoría de la población pagamos los impuestos que no quieren pagar los ricos. Para colmo, la Unión Europea ahora nos aconseja que aumente más el IVA, y así ¡reducir las cotizaciones sociales que pagan los empresarios! 

De esta mirada más larga y profunda sobre la realidad de la crisis se desprende que, más que  partir de un objetivo de déficit fijado, se debería plantear cómo aumentar los ingresos para cubrir los gastos necesarios. Más claro, de lo que se trata es de abordar el problema desde la raíz y plantear una reforma fiscal verdaderamente progresiva que aumente los impuestos a las rentas del capital, crecientes en los últimos años, y aumente la imposición a las rentas altas, mediante un incremento de los impuestos directos y una reducción los indirectos.

Pero todavía podemos ir más lejos en nuestras mirada crítica a la realidad y preguntarnos: si no hay dinero, ¿cómo es que los bancos y las grandes empresas tienen grandes beneficios y se están recuperando rápidamente de la crisis? ¿Cómo es que sigue aumentando el número de personas muy ricas? ¿o el de tiendas, hoteles y restaurantes de lujo?…. Si la sociedad produce riqueza para financiar este gasto privado, ¿por qué no se puede financiar el gasto social público?

Si nos fijamos, por otra parte, en los recortes que se plantean, estos están orientados a las limitaciones de personal (particularmente en las subcontratas de la administración), a la "racionalización" de las empresas públicas y a la "reprogramación" de inversiones, etc. Por otra parte, y aunque también suelen disminuir los gastos en investigación, desarrollo e innovación, se plantea apoyar el sistema productivo, algo que sin duda es necesario; pero entonces surge otra cuestión: las empresas que se benefician deberían responder ante las necesidades de la población y pagar más impuestos. Porque también es imprescindible que los más desfavorecidos de la sociedad dispongan de los servicios y derechos necesarios.
No sabemos si la construcción del AVE es tan necesaria -la prensa dice que construir un kilómetro de AVE supone un gasto al igual que la de la construcción de un hospital con 400 camas- ni si los millones de euros de la subvención a Spanair son realmente necesarios, pero sabemos que tenemos que mantener los centros sanitarios, las escuelas, construir guarderías, mejorar los servicios sociales y la ayuda a las familias desahuciadas por no poder pagar la hipoteca o el alquiler. 

Los recortes lamentablemente se llevarán a cabo sin escrúpulos, afectando a los sectores más básicos como la salud o la enseñanza. Como botón de muestra podemos fijarnos en lo que viene sucediendo en Catalunya desde que se formó el nuevo gobierno: Reducción del presupuesto en un 10%, que afectará a todos los departamentos, al de Salud con un 6,5% (900 millones de euros menos que están impactando drásticamente en el sistema público de salud, llegándose a cerrar plantas de hospitales y quirófanos); al de Enseñanza, con un 7,4 % (pero un plan de austeridad que cubrirá sólo el 50% de las plazas, reduce la oferta de plazas de profesorado a pesar del aumento de alumnos y mantiene los barracones),  al de Bienestar, con un 10%., aunque en el caso de la Secretaría de Familia llegan hasta el 74% (de 192 a 34 millones de euros): un recorte que resulta total para las familias inmigrantes que quieran acceder a las ayudas para niños de 0 a 3 años, si no acreditan cinco años de residencia. 

Pero nuestros políticos insisten y pretenden hacernos creer que los recortes no sólo son inevitables sino que son necesarios para la viabilidad del estado de bienestar. En realidad, lo que realmente hay detrás de estas políticas de corte neoliberal es la apertura de los servicios sociales al capital privado, en su búsqueda carroñera de negocios en un momento de crisis. Cuando estos servicios sociales estén fuertemente deteriorados debido a la supuesta falta de recursos se tendrá la excusa perfecta para su privatización.
Tal vez nos habíamos olvidado de que Vivimos en un sistema económico capitalista que tiene como objetivo la obtención de  beneficios para los dueños del dinero. Esto resulta incompatible, especialmente en momentos de crisis, con  que la mayoría de la población podamos mantener o mejorar nuestro sistema de vida, porque exige que una enorme cantidad de dinero vaya a parar a las arcas del capital. Allí es donde va el dinero, y eso es lo que hay que cambiar. De momento, parece lógico que asumamos una estrategia defensiva: que esta crisis no la paguemos los que no somos responsables, que la crisis que la paguen los ricos. Por ello debemos oponernos a los recortes sociales.
A más largo plazo, debemos pasar a una estrategia ofensiva, que pasa por transformar el propio sistema capitalista. No puede ser que en sociedades con capacidad de producir más y más riqueza disminuya la parte de esta riqueza destinada a cubrir las principales necesidades de la población para ir a satisfacer a los dueños del capital y los que gestionan nuestras sociedades. 

Estamos sufriendo una crisis económica con consecuencias sociales devastadoras y con unos planteamientos políticos que pretenden superarla dañando las condiciones de vida de la población. El resultado de esta ecuación no es otra que el estallido del conflcito social. Y ya se habían visto muestras de ello con una serie de luchas sectoriales antes de llegar a la actual contexto en que miles de personas han tomado las plazas en todo el estado español para hacer sentir su malestar. 
Nota: el artículo es deudor de las ideas leidas en la concentración del 14 deJunio en el Parc de la Ciutadella (Barcelona).

jueves, 16 de junio de 2011

No se enteran de nada: Políticos y periodistas se enrocan en su autismo, revestidos de privilegios religiosos

Miles de personas, muchas de ellas pertenecientes a los movimientos de protesta que últimamente están surgiendo en nuestro país (15-M, Democracia Real Ya,…) se reunieron ante el Parlament catalán, con ocasión del debate y aprobación de unos presupuestos que significan una vuelta de tuerca más en los recortes que vienen sufriendo los ciudadanos y, de modo particular los más débiles.  Algunas de estas personas increparon a los diputados, y se produjeron pequeñas agresiones (dos diputados sufrieron los impactos de espráis de pintura). Hechos graves, pero que en ningún momento pueden empañar la trayectoria y el porvenir de unos movimientos que basan buena parte de su éxito y su poder en la no violencia, en el respeto a la pluralidad y la diversidad,… Hechos, por otra parte, que se producen en multitud de ocasiones con mucha mayor gravedad con ocasión de acontecimientos deportivos, sin que los medios les dediquen apenas atención.
Pero, ¡oh¡ desdicha, los afectados son nuestro políticos electos, y sus señorías no pueden asemejarse al resto de los mortales; por eso, cuando ellos sufren las consecuencias de estos grupos incontrolados, ya no son desmanes casuales, son ataque organizados, secuestro de la voluntad popular, terrorismo,…. Los medios de comunicación, sus opinadores profesionales a sueldo, los tertulianos “para todo”,… ponen el grito en el cielo, y nos muestran su verdadero rostro: han constituido un orden sagrado, similar al de la edad media, y han revestido a los políticos, y a ellos mismos, de un velo sagrado que los separa del resto del pueblo. Los parlamentos son sus nuevas catedrales; sus plenos, las nuevas liturgias, a menudo ocultas a los ojos de los ciudadanos,…
Por supuesto que no justifico la violencia, pero me parece que magnificar unos hechos y utilizarlos políticamente es otra forma de violencia.
Asistí atónito no sólo a esa defensa de privilegios feudales de los nuevos políticos (dicen ser expresión de la voluntad popular pero tienen que quedar al margen del pueblo), sino que alucinaba con las lecciones de democracia de sus voceros: que si ese movimiento no tenía rostros que los representarán, que cada vez elegían a unos, y no se sabía quiénes eran sus representantes (supongo que a personas acostumbradas al culto a los “superiores” esto les resulta inconcebible); decían cuánto tenían que durar sus reivindicaciones (según ellos, ya no tenía sentido que siguieran en la calle, pues los políticas ya habían tomado nota de sus reivindicaciones); otros se empeñaban en juzgarlos por las apariencias (ya no se ven los mismos rostros que al principio, … decían: claro, están tan acostumbrados a políticos que usan traje oscuro y corbata como maquillaje para ocultar sus rasgos corruptos, que cualquier rasta les parece signo de delincuencia; incluso los hay que van más lejos, y denuncia a todo aquel que usa ropa sin cuello (vamos, que en vez de camisa usa camiseta) como gentes de mal vivir.
Curioso también resulta el análisis que hacen de las motivaciones de las personas que participan en las acampadas o en las movilizaciones: indignados por razones individuales: están en paro, han perdió su vivienda,… Incapaces de salir de la lógica del sistema no entienden que pueda existir una solidaridad o un compromiso gratuito, que no sea preocuparse exclusivamente  por lo mío. En resumidas cuentas, no se enteran. No se dan cuenta que lo que se cuestiona es la misma base de un sistema construido sobre la mentira y las apariencias. Qué respeto se puede tener a unos políticos que han sido acusados de cobrar comisiones (el famoso 3%) y lo único que hacen es echar tierra por encima; a políticos para los que todo es lícito para obtener el mayor poder posible (apoyar alcaldes xenófobos, etc.); a políticos que basan sus campañas en su lucha contra el nacionalismo y luego pactan con los nacionalistas, … Al final, el único motivo es el ropaje religioso del que son revestido, incluidos los que reclaman una sociedad laica.
No entienden que lo que se cuestiona, aparte de mentira que supone la primacía del dinero, del poder por encima de las personas, como por ejemplo, se utilice el dinero público para incrementar el poder de unas instituciones financieras que se han mostrado como enemigo número uno del empleo, de la vivienda; se cuestiona una forma de hacer política, en la que cada vez más personas no se sienten representadas, aunque voten; no entienden que lo que se cuestiona son unas normas y reglas de funcionamiento que actúan como un corsé que protege y defiende su statu quo…No entienden que este sistema económico y político ha quedado al descubierto, que ya no puede seguir ocultando sus vergüenzas, y que es necesario construir un orden alternativo y, como siempre ocurre en la historia, construirlo contra los intereses de quienes intentan mantener y prolongar sus privilegios, aunque sean políticos que se consideran encarnación  de alguna divinidad.
No entienden que lo que revela a tantas personas, ocupadas o paradas, jóvenes o aduiltas, hombres o mujeres,… es el haber sido reducidas a mercancías, el haber convertido los valores del mercado en valores universales, que pretenden gobernar todas las necesidades y relaciones de las personas; lo que cabrea a la gente es que sus necesidades básicas queden supeditadas a los intereses de los poderosos que manejan los mercados, o que nuestro políticos, secuestrados o seducidos por esos poderes no crean que existan valores humanos o justicia social. Para ellos todo es mercado, para los indignados, todo es utopía, todo es gracia.
Democracia real ya, implica no sólo maquillar nuestras instituciones, leyes, prácticas,… implica un cambio profundo, y no es fácil, pues todos los mecanismos de poder, incluido el monopolio legal de la violencia, están en manos de ese poder que se pretende superar.

martes, 31 de mayo de 2011

15M y 22M, ¿Qué futuro político podemos construir.

Rafael Díaz Salazar, profesor de Sociología de la Universidad Complutense, analiza dos fenómenos aparentemente contradictorios: el movimiento reivindicativo del 15-M y los resultados electorales del 22-M, con un claro ascenso de la derecha neoliberal. Tras estos acontecimientos percibe la revolución del “precariado”, y reivindica, el antagonismo y el conflicto, no violento, como dinamizadores del cambio social, como generadores de cultura transformadora.

Puede leerse dicho artículo en el siguiente enlace “15M y 22M, ¿Qué futuro político podemos construir”.

Se trata de un texto ampliado del artículo aparecido en El País: “Insurrección del precariado y victoria del PP”.

jueves, 26 de mayo de 2011

Cinco obreros fallecidos. Significados en la España indignada

Ayer miércoles 25 de mayo fue un día especialmente negro: 5 trabajadores fallecieron en accidente de trabajo (2 en Caudé, Teruel, 1 en Vitoria, 1 en Jaén y 1 en Málaga).En principio, algo que nada tiene que ver con los resultados de las recientes elecciones municipales y autonómicas, ni nada que ver con las acampadas que han dado lugar a la spanish revolution con la que miles de personas, especialmente jóvenes, ponen de manifiesto su malestar con la gestión de la crisis, y la política oficial del país. Sin embargo, esas muertes no dejan de ser un aldabonazo  tanto para las fuerzas conservadoras (incluso reaccionarias) que esperan ampliar su derrota con la conquista del gobierno de la nación, como para el gran perdedor de las elecciones, un Psoe deambulando como un boxeador noqueado, y que en el fragor de la lucha no parecía percibir los golpes procedentes de una mayoría de trabajadoras y trabajadores, asfixiados por las medidas y recetas neoliberales, que venían gestionando desde un pensamiento único, como las únicas posibles.  
Llamada, también, para las fuerzas que reclaman ¡democracia real ya!, desencantadas ante el espectáculo de un sistema invadido por una galopante metástasis, cuyo origen es el cáncer neoliberal y cuyos dolores, en forma de  paro, precariedad, deterioro de las condiciones laborales... y su hedor, en forma de corrupción, vienen padeciendo las clases trabajadoras.
Estos cinco trabajadores muertos se convierten en víctimas sacrificadas en este periodo de decantación de ideas y proyectos políticos, corren el riesgo de quedar reducidas a víctimas anónimas e ignoradas, mientras cada cual sigue echando cuentas o sigue enredado en sus propias ideas y deseos, como si nada hubiera pasado.
Pero ha pasado mucho. Me pregunto, por ejemplo, que hubiese ocurrido si esas cinco víctimas lo hubiesen  sido como resultado de un atentado terrorista, de Eta o de Al Qaeda. Estoy convencido que las reacciones hubiesen hacho temblar los cimientos del sistema; los espacios de televisión y los medios de comunicación no tendrían otro tema,... Sin embargo, todas esas reacciones quedan reducidas, en el mejor de los casos, a una simple nota marginal, a algo normal y natural que no merece más análisis ni reflexión.
No quiero olvidar a Paulo Freire, a quien venía dedicando las últimas entradas del blog. A buen seguro, a sus ojos estos trabajadores fallecidos fruto de la opresión, son un grito desesperado que claman por un tiempo mejor, que claman por la justicia. Nos invitaría a dejar de mirar a estas víctimas inocentes desde la perspectiva de los opresores, que tantas veces asumimos como propia, convirtiéndonos en colaboradores y perpetuadores de su injusticia. Simultáneamente nos invitaría a una mirada  desde los sacrificados,  pues como insistía desde los oprimidos  el mundo y la historia se ve de de otro color.  
Tratando de concretar y aplicar a los procesos en marcha estas muertes son ocasión de revisar y asentar esos procesos. El PP triunfador y en búsqueda de un triunfo mayor no puede olvidar las mentiras de ese neoliberalismo galopante, no puede olvidar que se asienta y se alimenta de la sangre, los esfuerzos y sacrificios de la inmensa mayoría de los trabajadores.
El PSOE, abocado a un proceso de redefinición, no puede seguir haciendo oídos sordos al sufrimiento y a esos gritos desesperados que reclaman justicia, que no re rinden ante el economicismo  que ha cegado a tanto dirigente. Sin esa escucha, sin esa sensibilidad, difícilmente podrá descubrir las claves de su descalabro y reencontrarse con el espíritu socialista.
Los acampados e indignados también deberían repensar estas muertes. Revivir y recuperar la utopía es una necesidad urgente e ineludible, pero sin ignorar que la utopía separada de la realidad y alejada de los oprimidos reales y concretos (por más que nos parezcan alienados, lejanos a este movimiento, sumisos al capital,...) acaba girando hacia elitismos y totalitarismos, del signo que sean.
Esas muertes ponen de manifiesto las características profundas de nuestro modelo de desarrollo, dejan al descubierto la verdad profunda del sistema, nuestro reto, ser capaces de descubrirlo y no  acabaremos convertidos en colaboradores necesarios del sistema.
Dado que la acampada de Zaragoza se encuentra en la plaza de las catedrales, junto al monumento a Goya, conviene recordar el lema que allí figura: “El sueño de la razón produce monstruos”.  
¡Que los obreros muertos en el campo de honor del trabajo y de la lucha descansen en paz!