“Son tiempos donde todos están contra todos, donde nadie escucha nadie, tiempos egoístas y mezquinos donde siempre estamos solos” Fito Páez

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viernes, 12 de octubre de 2018

Sinvergonzonería política

Desde hace tiempo pienso que la inmensa mayoría de las intervenciones de los políticos representantes de los partidos, carecen de cualquier capacidad de análisis, de perspectiva crítica, de pedagogía… tan solo se basan en una sinvergonzonería que es la que está marcando las relaciones políticas. 

Lo corroboro en las reacciones ante el Acuerdo de Presupuestos Generales del Estado 2019. Acabo de escuchar a representante económico de Ciudadanos, y sus argumentos versan en que para salir necesitan un poti poti de partidos, forma de despreciar y obviar la soberanía popular, y de descalificar no el contenido, sino sobre todo quien apoya los presupuestos. Argumenta, además, que nadie apoya unos presupuestos sin pedir nada a cambio: ¿qué pedían ellos cuando apoyaban los del PP? 

Oigo, por otra parte, al líder del PP descalificar el acuerdo señalando que ya no es solo Torra un vicepresidente del gobierno del Psoe, sino que además Pablo Iglesias es otro vicepresidente. Grandes argumentos. Además, recurre una vez más a esa coletilla que utilizan permanentemente para descalificar a Podemos: el gobierno ha entregado los presupuestos a Podemos, "En pocos años se pasará hambre como en Venezuela". Parece que el señor Casado cree que una mentira repetida mil veces parece una verdad.

Veo a la exministra de sanidad diciendo que son unos presupuestos como los que llevaron a la crisis. ¿No fue una crisis internacional?, o es que la economía española es tan poderos que hace tambalearse al capitalismo, hasta el punto de que Nicolas Sarkozy propusiera refundar el capitalismo. 

Oigo que le preguntan al mencionado responsable económico de Ciudadanos su opinión sobre la subida del salario mínimo a 900€ (un 22%) y dice que le parece mal, porque muchos contratos son temporales y de menos de una semana (qué han hecho mientras apoyaban al anterior gobierno?). Tampoco le parece bien un planteamiento fiscal que se plantea actuar sobre el Impuesto sobre Sociedades, sobre las Transacciones Financieras y determinados Servicios Digitales, que se propone reducir la presión sobre las pymes, e incrementarla sobre las grandes empresas…; sobre el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas, aumentando los tipos impositivos a partir de los 130.000€ (resulta curioso el argumento para desacreditar esta subida: que puede desanimar a trabajadores extranjeros; para narda tiene en cuenta a la cantidad de jóvenes, muchos de ellos investigadores, que han tenido que emigrar) ; el Impuesto de Patrimonio, que se propone incrementar en 1% a fortunas de más de 10 millones de €… Se ve que se les atraganta la progresividad fiscal, y que disimulan mal su protección a las empresas que durante años se han beneficiado de la crisis, aumentando sus beneficios con la reducción salarial de los trabajadores y los favores fiscales del anterior gobierno.  

Nada dicen de la dimensión de apoyo a la mujer implícita en la propuesta, y que es una de las formas más realistas de apoyar la igualdad, ni de recuperar los nuevos e imprescindible derechos que se recogen en la Ley de dependencia, tan vilipendiada por el gobierno popular…

En fin, parce que la sinvergonzonería política, heredera de la telebasura y de una cultura que anula el pensamiento crítico es lo que se lleva. Me preocupa que los representantes de ese tipo de rufianerías sean líderes jóvenes que hablan de renovación, etc… 

Lo malo es que a menudo la incultura triunfa y, frente a ese clima de creciente idiotización, en su sinónimo de despolitización, sólo queda atarse las zapatillas y seguir caminando con más energía. 

miércoles, 3 de octubre de 2018

Los intocables


Rechina que una persona pueda ser declara inviolable, tanto en su acciones públicas como privadas. Es reconocerle carta blanca para delinquir, sin que nada pase. Así declara la Constitución Española al Rey, revistiéndole de un carácter de intocable que echa por tierra cualquiera de los principios de la democracia, y sus tan tatareadas banderas de transparencia, rendición de cuentas….

Si mal está que la constitución reconozca ese carácter al rey en ejercicio, que más bien parece un continuum de aquella aciaga y abominable coletilla de “caudillo de España por la gracia de Dios”, peor aún, que ese derecho se extienda se extienda al rey emérito y su familia, mediante la figura de su aforamiento, y se haga por la puerta de atrás; además, que lo haga un partido salpicado hasta las cejas por casos de corrupción.

Pero estos privilegios no se detienen en una monarquía inexplicable en el siglo XXI, y que como dijera en su día Lluís Maria Xirinacs, es una cuestión de un espermatozoide en busca de un óvulo; si no que se extienden a toda la clase política, bajo la fórmula de aforados y que, como acabamos de ver con el máster de Casado, impide que dichos políticos reciban de la justicia el mismo trato que cualquier ciudadano. Ese trato discriminatorio, por una justicia que es nombrada y rinde pleitesía a los políticos, también a los que juzga, es otro socavón terrible en la esta democracia liberal que ha perdido el oremus. Cabrían muchas referencias a esta connivencia entre el poder ejecutivo (en un sentido amplio) y el poder judicial, a la mentira que se esconde tras la cacareada separación de poderes. Algo de dominio público y sobre lo que no cabe echar más leña al fuego, a fuer de seguir alimentando una apatía e indiferencia de tantos ciudadanos que parece inclinarles a buscar seguridad en opciones que parecen rememorar los fascismos que tan deleznable huella dejaron en la historia reciente.  

Los jueces parecen ser otro de los estamentos tocados por la varita mágica de la "intocabilidad". Sus dictámenes y sentencias injustas e inexplicables (ahí quedan las mujeres y los niños y niñas asesinados por que un / una juez les denegó la protección que demandaban frente a un maltratador; también las extravagancias  y sin sentidos que dan lugar a sentencias como las de "la manada", etc.) ¿Por qué no se les puede pedir cuentas cuando la justicia parece convertirse en un apéndice de su ideología?, ¿por qué no se les puede exigir responsabilidades, como a cualquier personas trabajadora?

Hay castas que en el pasado disfrutaban de un poder casi omnímodo, como los médicos, los clérigos… que empiezan a ver cómo tienen que hacer frente a sus responsabilidades y errores. Sin embargo otros persisten y, todo parece indicar, que lo hacen para proteger a las élites, no sólo a la política, sino sobre todo a la económica, de la que aquella actúa como escudera.

Así las cosas, nuestras sociedades lejos de regirse por las leyes de la democracia, se rige por una ley del embudo, en la que lo estrecho es para la ciudadanía y lo ancho para unos cuantos que son los que se libran de la justicia, de los recortes… Unos se empobrecen, en tanto que otros se enriquecen…

martes, 5 de junio de 2018

¿Ética en la economía y las finanzas?

Rafa Nogués nos brinda una breve e interesante reflexión sobre el documento "Oeconomicae et pecuniariae quaestiones” (Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero)", publicado el 17 de mayo de 2018. Sin duda, un tema que merece la pena plantearnos y reflexionar.
El 7 de mayo la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano presentaron el documento “Consideraciones para un discernimiento ético sobre algunos aspectos del actual sistema económico y financiero”.
Aborda una cuestión que no es habitual en los documentos de esta Congregación: la ética en el sistema financiero. Pero no por eso, deja de ser muy oportuno. Y como otros textos de la Iglesia, no va dirigido sólo a la comunidad cristiana, sino a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Con estas líneas no se pretende realizar un análisis de todo el documento. Pues no se va a valorar la tercera parte, en la que se lleva a cabo un detallado desglose de diferentes elementos, productos, comportamientos,… que están presentes en el funcionamiento del sistema económico-financiero. Donde para cada uno de ellos, se realiza una crítica razonada y formula propuestas de actuación.
En la primera parte formula dos criterios que orientan la interpretación del documento. Uno de carácter ético: “ningún espacio en el que el hombre actúa puede legítimamente pretender estar exento o permanecer impermeable a una ética basada en la libertad, la verdad, la justicia y la solidaridad”; y otro para poner en evidencia la causa que ha provocado la deriva que el sistema económico y financiero ha tenido: “Es cada vez más claro que el egoísmo a largo plazo no da frutos y hace pagar a todos un precio demasiado alto; por lo tanto, si queremos el bien real del hombre verdadero para los hombres, "¡el dinero debe servir y no gobernar!"”
La segunda parte: “Consideraciones básicas de fondo”, apunta los principios que desde la antropología y doctrina cristiana deberían estar presentes en el funcionamiento del sistema. Tras reconocer que “no hay recetas económicas válidas universalmente y para siempre”; afirma: “toda actividad humana es positiva, si respeta la dignidad humana y se orienta al bien común”.
El texto se extiende en explicar que la visión adecuada del ser humano parte de su comprensión como un ser relacionado, y por lo tanto orientado a llevar una vida comunitaria. Estado necesario para lograr su completa realización.
Este recorrido por los fundamentos antropológicos los concluye afirmando: “Ningún beneficio es legítimo cuando se pierde el horizonte de la promoción integral de la persona humana, el destino universal de los bienes y la opción preferencial por los pobres”
Sobre los mercados apunta dos ideas. Una en positivo: son admisibles si no están dirigidos contra la dignidad de la persona y tienen en cuenta el bien común. Y otra de denuncia: son incapaces de regularse por sí mismos; como demuestra enumerando diversas limitaciones.

A continuación realiza una oportuna crítica a lo que denomina “industria financiera”. Afirma que “tiene un potencial sin igual para causar daño a la comunidad”, poniendo como ejemplo la inmoralidad de comercializar productos financieros “en situación de asimetría”. Calificando esta práctica de “violación de la honestidad relacional” y de “grave infracción desde el punto de vista técnico”.
Una consideración fundamental más la inicia con una afirmación que en estos tiempos parece haberse olvidado: “el dinero es en sí mismo un instrumento bueno”. Para denunciar a continuación cómo en los últimos decenios se ha vuelto contra las personas fundamentalmente por el proceso que conocemos como financiarización.
Pero la crítica más certera y oportuna la realiza cuando analiza el papel que tienen, hoy en día, el dinero y el trabajo en el sistema económico-financiero: “en esa inversión de orden entre medios y fines, en virtud del cual el trabajo, de bien, se convierte en “instrumento” y el dinero, de medio, se convierte en “fin”, encuentra terreno fértil esa “cultura del descarte”, temeraria y amoral, que ha marginado a grandes masas de población, privándoles de trabajo decente y convirtiéndoles en sujetos “sin horizontes, sin salida””.
Hay esperanza. En la cuarta y última parte, que consta de un único punto, se propone que “cada uno de nosotros puede hacer mucho, especialmente si no se queda solo”. Y en esta línea reconoce la existencia de muchas asociaciones de origen civil que basan su acción en la búsqueda del bien común y se fundamentan sobre sólidos principios de solidaridad y subsidiariedad.
Anima a que participemos a pesar de que podamos considerar insignificante o irrelevante nuestra acción: “Cada gesto de nuestra libertad, aunque pueda parecer frágil e insignificante, si orienta realmente al auténtico bien, se apoya en Aquel que es Señor bueno de la historia, y se convierte en parte de una positividad, que va más allá de nuestras pobres fuerzas, uniendo indisolublemente todos los actos de buena voluntad en una red que une el cielo con la tierra, verdadero instrumento de humanización del hombre y del mundo. Esto es lo que necesitamos para vivir bien y nutrir una esperanza que esté a la altura de nuestra dignidad de personas humanas”.


3 de junio de 2018
Rafa Nogués

martes, 27 de septiembre de 2016

Igualdad y corrupción

Traducción libre del artículo de Josep Maria Vallès. Catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona, aparecido en la revista Treaball (http://revistatreball.cat/igualtat-i-corrupcio/)
Con el nuevo año judicial se pondrá en marcha la última fase de algunas causas importantes sobre corrupción política que han marcado los últimos años. Es una fase de conclusión que llega con mucho retraso desde la perspectiva de una ciudadanía que desconfía de los mecanismos judiciales y que interpreta esta lentitud como una táctica deliberada para pasar por alto la gravedad de unos comportamientos repugnantes. La opinión pública ya ha juzgado y sentenciado. A su manera. Pero no siempre con la condena electoral de los inculpados.
En todo caso, es totalmente cierto que la maquinaria de la Justicia es lenta en ponerse en marcha cuando se trata de investigar determinadas actuaciones relacionadas con grandes delitos de carácter económico. Y también es cierto que -una vez se ha puesto en marcha- esta maquinaria continúa su actuación a un ritmo no demasiado ágil, para ser benévolos. Hay más de una causa que puede explicar esta lentitud. Y es claro que esta lentitud va en detrimento del carácter ejemplar y disuasorio que la justicia penal debe comportar.


Pero no examinaré ahora cuáles son las causas invocadas y cuáles son las causas reales que motivan este ritmo cancionero de la Administración de Justicia. Porque aunque fuera posible determinar con toda exactitud y encontrar un remedio adecuado para eliminarlas, creo que una Justicia más rápida no bastaría para neutralizar el origen principal de la corrupción.

Por eso mismo, me parecen insuficientes las propuestas que parecen atacar el mal de la corrupción política con reformas legales o institucionales: leyes penales más rigurosas, tribunales más eficientes, administraciones públicas más controladas, mecanismos de decisión política más transparentes, etc. etc. No digo que sean propuestas inútiles, aunque algunas son más retóricas que operativas. Pero pienso -siguiendo la opinión de otros investigadores de la cuestión- que hay que ir al trasfondo social y cultural del fenómeno cuando este fenómeno -la práctica de la corrupción- aparece como relativamente extenso y relativamente bien tolerado por la ciudadanía. Bien encajado hasta el momento en que la opinión se escandaliza y lo convierte en el primer -o segundo-problema de la política.

Mirémoslo desde este ángulo, desde la reacción de la ciudadanía. ¿Por qué la corrupción ha pasado de ser un mal que hay que soportar como un accidente inevitable a convertirse en una inaceptable agresión política y moral contra la que hay que reaccionar con mucha prisa y con el máximo rigor? ¿Por qué este cambio tan drástico en la opinión? Que conste que no quiero quitar importancia al problema de la corrupción. Pero conviene ir un poco más al fondo de la cuestión si queremos tratarlo seriamente. Oí decir a Maragall antes de que fuera presidente de la Generalitat una afirmación que los hechos posteriores han confirmado. Como en otras cuestiones, que nos obligan a un reconocimiento demasiado diferido de su clarividencia. Decía Maragall que nuestra sociedad deja de tolerar la corrupción cuando hay otros elementos del sistema político y económico que fallan o que empiezan a fallar. Es decir, no es la reacción ante la corrupción la que lleva a la crisis del sistema político: es al revés.

El escándalo ante la corrupción no sería, por tanto, una actitud permanente y bien arraigada en nuestra sociedad. Sería una respuesta desencadenada por un malestar o una insatisfacción generados por otros componentes de la organización colectiva del país. Si esto es así, hay que preguntarse si la actual reacción de censura contra la corrupción es bastante sólida y consistente. Porque podría ocurrir que -una vez restaurados algunos elementos de la vida política o económica- nos volviéramos a instalar en la benévola apreciación que una cierta corrupción política es inevitable, humana, explicable e incluso beneficiosa para la estabilidad de la orden social y político.

¿Qué debemos hacer, por tanto, para no "recaer" en la tolerancia ante la corrupción que ya hemos conocido y que no debemos descartar en el futuro? Porque pienso que el problema verdadero de una sociedad no es la corrupción sino su falta de reacción -no sólo penal- ante el fenómeno. Para contestar la pregunta sobre qué hacer, tenemos que poner la corrupción en relación con las condiciones sociales de fondo que la favorecen y que facilitan la falta de integridad en los asuntos públicos.

¿Cuáles son estas condiciones sociales de fondo? De acuerdo con análisis comparados entre países (Uslan, Rothstein), hay una asociación entre desigualdad económica, desconfianza social y corrupción política. Situaciones económicas muy desfavorables llevan a la población que las sufre a experimentar una elevada desconfianza social ya inhibirse de una acción política en la que se ven impotentes. Muy a menudo, sólo se relacionan con políticos y funcionarios para obtener su protección a cambio de algún tipo de prestación, aceptando que aquellos políticos y funcionarios obtengan un beneficio personal: "roba, pero me protege de una u otra manera". Esto es lo que ocurre en situaciones de clientelismo clásico -el cacique y el jornalero- o de clientelismo partidista más moderno -el partido y la empresa concesionaria-. En este contexto, la corrupción es tolerada porque es vista como necesaria para obtener un cierto grado de orden y de seguridad personal o económica.
Por el contrario, en sociedades con un nivel notable de igualdad económica, los ciudadanos confían más en sus relaciones con los demás, se comprometen conjuntamente en la acción política y social y se sienten con fuerza para vigilar los responsables del gobierno o de la administración y exigirles sin miedo comportamientos de integridad y servicio público. Es normal entonces la tolerancia cero ante episodios de aprovechamiento personal que en nuestros países parecen ridículos o de menor cuantía.

Si esta tesis es correcta y existe una asociación entre más igualdad y más integridad pública, podemos pensar que no basta importar de otros lugares determinadas instituciones y normas para eliminar la corrupción. Porque estos productos importados no arraigaran bien si el contexto social no es el adecuado. Esto significa -desde mi punto de vista- que esforzarse por hacer reformas penales o administrativas y retroceder en políticas sociales es contradictorio, cuando no un ejercicio de hipocresía política. Sin avanzar en políticas sociales -empezando por la educación que "empodera" los ciudadanos-, una parte no pequeña de la ciudadanía seguirá en condiciones de dependencia que la sitúan fuera del compromiso político y favorecen el mantenimiento de prácticas -directas o indirectas- de apropiación de recursos públicos en beneficio privado.


Volviendo al comienzo. Pronto comenzará un nuevo acto de la represión judicial contra la corrupción. Contra los que decían que no se llegaría, comprobaremos que se puede llegar, aunque sea más tarde de lo que quisiéramos. Pero esto no basta. También debemos procurar que el escándalo social ante la corrupción no sea un fenómeno pasajero. Tenemos que intentar que se convierta en una actitud general y permanente, propia de las sociedades donde la igualdad de condiciones sociales y económicas genera una ciudadanía comprometida con la integridad pública. Atención, pues, a las políticas que hacen avanzar o retroceder los niveles de igualdad. Porque en ellas es donde se juega la batalla más efectiva contra la corrupción.

martes, 19 de julio de 2016

Pedro Sánchez ¿un adulescente enrabietado?


Sigo la crónica política con cierto espíritu crítico, y con un interés decreciente, pues tengo la impresión de que la política “parlamentaria”, “partidista”, etc. Que ya no se cómo denominarla, se ha convertido en una especie de estercolero en el que, salvo raras y honrosas excepciones, han ido desapareciendo las personas con ideas y principios, y casi todo lo que florece en ese humus corrupto son personas ambiciosas, personajes criados en los aparatos de los partidos, burócratas al servicio de los intereses de los poderosos…  Y un personaje que, desde que fue nombrado secretario del Psoe y candidato a las elecciones ha llamado mi atención es  Pedro Sánchez y, por derivación, sus escuderos  Antonio Hernando y César Luena  (hoy en segundo plano).  
He tratado de seguir su evolución en este proceso electoral sin fin en el que nos hayamos metidos, y mi impresión, aparte de esos tics de funcionaros del aparato, es que se trataba de “adulescentes” o, por emplear un anglcismo “kidults”. He creído ver a un Pedro Sánchez que, a pesar de haber obtenido el 20D el peor resultado de su partido, aparecía exultante con un juego nuevo: la posibilidad de ser presidente del gobierno, sin haber sido la fuerza más votada y de no haber podido atajar la sangría de votos de su partido. Deseo frustrado que ha dado lugar a ese enrabietamiento que , a mi entender, es una de las claves de que nbo se haya podido alcanzar un gobierno alternativo y de progreso en nuestro país.
Me fijo en la campaña de las nuevas elecciones, en las que ha repetido hasta la saciedad que el no fue presidente por la pinza del PP y Podemos. Una mentira que por más que repita no puede convertirse en verdad. Creo que as responsabilidades estarán repartidas; pero la única pinza que veo es la que realizaron el Psoe y Ciudadanos para querer colocar a Podemos en un dilema  del prisionero. Bueno, más que pinza, que entiendo como atrapar a alguien entre dos extremos ideológicos; algo que aquí no se da, se trataría de una trampa de caza, una lazada circular del centro izquierda a la derecha para atrapar a una fuerza más a la izquierda y dejarla inmovilizada.  
Pero la fiera no cayó en la trampa, y Pedro no vio realizarse su sueño (dejando a un lado las trampas que sus propios barones y compañeros de partido le ponían a él mismo)y desde entonces se ha enrabietado y se ha encerrado en su ensimismamiento adolescente. Es como si una y otra vez preguntara al espejo del cuento si no era el más bello y había trenzado la trampa más perfecta.
Y sigue ahí, añorando su sueño de príncipe adolescente, incapaz de dar el paso al mundo adulto: lectura crítica de lo que ha pasado; autocrítica de su juego sucio, sirviéndose de una derecha que a pesar de sus pretendidos rasgos de nueva política presentaba tics de la vieja y autoritaria derecha.
Y, encerrado en sus treces, no me votaron, no me quisieron…, está desempeñando un nefasto papel para poder combatir las políticas austericidas y multiplicadoras de las desigualdades que sufrimos desde hace años.

En fin, confiemos en que sea capaz de salir de su egocentrismo adolescente si, de verdad, quiere servir al bien común.   

martes, 28 de junio de 2016

Elecciones 26J: estábamos al borde del abismo, pero hemos dado un paso al frente

Ni que decir tiene que el resultado electoral supuso un jarro de agua fría, sobre todo por pensar más con los deseos que con la cabeza; por hacer más casos a las encuestas que al pesimismo que anunciaba la razón.

Pasado ese primer trago, y dejando a un lado las reacciones primarias, toca un análisis más sosegado, que no desapasionado. Y, mi primera sensación es que, visto el contexto en que nos movemos, se ha tratado de una gran ocasión pérdida para intentar de poner algo de sensatez en la vida política de nuestro contexto, nacional, europeo e incluso internacional.
No voy a descubrir nada nuevo si señalo que el contexto en que nos movemos está marcado por los coletazos agonizantes de un neoliberalismo que, desde que comenzara la crisis de los 70 viene haciendo estragos, sin que se perciba el fin de esta crisis, que es en realidad una amalgama de crisis: laboral, social política, ecológica, moral, espiritual…. Cuyas drásticas estamos pagando los trabajadores y las clases populares de todos los países.
Esta descomposición progresiva del sistema. Cuyo recambio no adivinamos a percibir tiene, entre otras consecuencias, el auge de la indignación ciudadana; una indignación que está tomando vías diferentes en cada país: en unos, reforzando a la extrema derecha, con manifestaciones xenófobas y racistas y que apuestan por revivir los fascismos de principios de siglo XX, convirtiendo a migrantes y refugiados en chivos expiatorios del malestar en el estado de bienestar.
Otras reacciones son el rechazo de las instituciones, siendo la construcción europea un paradigma clarificador, como puede verse en:

  • las consultas sobre la constitución europea que, aunque en España fue aprobado con una participación mínima, sería rechazado en las consultas en Francia y Países Bajos, lo que acelera la práctica de tomar decisiones sin contar con la opinión de los ciudadanos, considerados incultos e incapaces de decidir por sí mismos su futuro; 
  • los intentos de suscribir acuerdos comerciales que otorgan poderes a las grandes empresas por encima de los estados (el fracasado Acuerdo Multilaterasl de Inversiones, la Directiva Bolkestein, ya aprobada o el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) que supone un asalto de las trasnacionales a las democracias, según el título del libro de Adoración Guamán al respecto.
  • aunque quizás el ejemplo más claro sea el llamado Brexit, y que ha culminado con la decisión en referéndum de la salida del Reino Unido de la Unión Europea y que ha culminado con declaraciones por parte de muchos líderes y burócratas europeos que dejaban bien claro el carácter autoritario del actual proceso europeo, y su sometimiento a los intereses de los intereses económicos financieros.      
Bien podría decirse que la actual fase de construcción europea está significando que Alemania está imponiendo, con la connivencia de los particos de derecha y gran parte de la socialdemocracia europea, aquello que no fue capaz de lograr en dos guerras mundiales: someter bajo su domini a los países europeos, mediante una brutal guerra económica y financiera.
En el resto del mundo globalizado las cosas tampoco pintan bien. El orden internacional está confuso con el prolongado declive del imperio norteamericano, como refleja el declive de su moneda y el caos monetario en que nos movemos; este declive también se manifiesta en el terreno industrial el comercial, en su enorme deuda… sin embargo trata de mantener su liderazgo sirviéndose del eje militar: en ese sentido la proliferación de guerras, el auge del terrorismo… suponen un balón de oxígeno que ralentiza su caída. Por otra parte, ese contexto de terror dificulta la emergencia de un nuevo orden mundial, más multidimensional y democrático, y en el que nuevos países estarían llamados a disputar el poder a las viejas potencias.
 Tampoco los movimientos de liberación parecen acabar de asentarse en Latino América, de conde cabría esperar aire fresco para frenar los estertores del neoliberalismo. Cierto que ha habido intentos interesantes, pero acaban asfixiados por el bloqueo y la intoxicación promovidas por las elites nacionales e internacionales.
En ese contexto, el rumbo tomado por la indignación en España suponía una ráfaga de esperanza: una nueva fuerza política capaz de superar los vicios y límites de la izquierda tradicional, capaz de hacer una lectura actualizada de los problemas básicos de la ciudadanía; la desigualdad y la pobreza fruto de unas políticas laborales y de austeridad impuestas desde los centros de poder neoliberal, y bendecidas pro los partidos tradicionales como única alternativa.
Ciertamente, la posibilidad de intentar algo diferente, aunque fuera simbólico, como está siendo la gestión en los ayuntamientos y comunidades del cambio, era algo enormemente deseable; al tiempo que podría ser un reclamo para reorientar el descontento en otros lugares del mapa.
Junto a esta lectura de haberse abortado una posibilidad real de cambio, hay otra no menos importante: la del violento choque con una sociedad profundamente enferma como pone de manifiesto su obsesión por el dinero y la seguridad que reclaman sus grandes poseedores, y con uno de sus principales síntomas, el colapso moral que nos envuelve y que hace que se justifique la corrupción e incluso las formas mafiosas de ejercer el poder. Produce repugnancia ver cómo hechos tan graves quedan blanqueados por los votos de muchos ciudadanos, sin que se sientan cómplices de esas situaciones que están justificando y propiciando-
Creo que tras el miedo a Unidos-Podemos existe un temor a que se descubran y persigan nuevos casos de corrupción y que se modifique la legislación para penalizar de forma más proporcional al daño causado, al tiempo que se ponen nuevos medios para su investigación y persecución.

Habría muchas más razones, pero creo que queda claro porque estas elecciones representan una ocasión fallida. No creo que su pérdida sea sólo culpa de los electores, sometidos a modernas esclavitudes que impone el neoliberalismo y sus acólitos, principalmente los medios de comunicación, sino que también es necesario hacer autocrítica, de los mensajes en campaña, de la relación y el papel con los movimientos sociales, sobre la necesidad de nuevas formas de liderazgo comunitario… Esperemos que próxima si se pueda. 

martes, 14 de junio de 2016

Campaña electoral. Temas de los que poco oirás hablar.

Tras el esperado, y fallido, debate electoral a cuatro (fallido por un formato encorsetado, sin apenas posibilidades para el debate y en el que, como comentó Cristina Almeida, los candidatos asemejaban opositores recitando su examen ante el tribunal) veo la necesidad de abordar “otros” temas, esos que no salen y sobre los que los candidatos guardan silencio, al igual que el Ebro a su paso por el Pilar.
El primer tema, comunicación y política, lo ponen sobre el tapete los trabajadores de Radio Televisión Española que aprovecharon el debate a cuatro, entre los candidatos a la presidencia del gobierno, para protestar contra la censura y la manipulación en los informativos.

Y no es de extrañar, pues a las tentaciones neoliberales del gobierno entre las que cabe señalar la tentación de imponer el poder económico sobre la decisión democrática -lo que solemos denunciar como secuestro de la política por los poderes económicos- y el intento de querer contrarrestar el carácter antipopular de las políticas de austeridad y recortes recogidas en sus programas neoliberales, a través de un férreo control de los medios, a fin de someterlos a su propaganda política, y que llega hasta querer aniquilar cualquier espacio de información y comunicación no sometido a los poderes dominantes. Eso es lo que se desprende, en el caso de España,  de la Ley mordaza y otras medidas en la misma dirección. A ello cabría añadir el recurso de determinados medios a la calumnia y el desprestigio que tratan de influir o condicionar el voto de los ciudadanos, desde unas clara voluntad de servir a determinados poderes e intereses de las elites dominantes.
Agudizando un poco más nuestra mirada, cabe señalar que a esos poderes no les basta con proteger sus intereses a través del control monopólico de los medios, sino que además ejercen una política activa para combatir cualquier atisbo democratizador de la información y la comunicación.

En el actual contexto social y político podemos hablar de un importante ataque al derecho a la información que tienen los ciudadanos, así como al de informar libremente que debe asistir a los periodistas. Recorte de derechos que, en el caso de la democracia española, todavía no están suficientemente asumidos y, en consecuencia, aceptamos con resignación y no los defendemos. Por ello, puede que a las razones anteriores debamos añadir una nueva, relacionada con la “herencia recibida”, en este caso de la dictadura, y según la cual el partido que gana las elecciones, ya sea a nivel nacional o autonómico,  parece seguir teniendo derecho a ejercer una especie de derecho de pernada sobre la televisión pública.

Entiendo que esta forma de ataque a la libertad de expresión y al derecho a la comunicación representa otra forma de corrupción, que agrava el estado de nuestras sociedades, afectadas por la metástasis que representa la corrupción económica.
Por ello, me resulta particularmente curioso que en debate de los candidatos a presidente, en el que alguno de ellos son tan proclives a utilizar la realidad venezolana, no hicieran referencia a dos países cercanos, sometidos a las presiones de ese tipo de dictadura mediática del que venimos hablando. Me refiero a Brasil y Argentina. En Brasil, donde acabamos de asistir a un golpe palaciego, propiciado por una connivencia de intereses de los poderes fácticos -empresariales, mediáticos, sectores judiciales, policiales- y de la derecha parlamentaria, con el obsceno silencio de nuestras autoridades, tan proclives a denunciar la violación de derechos humanos en otros países. Resultan especialmente significativos, en el contexto de nuestra reflexión, los intentos del presidente interino, Michel Temer, para cerrar el Ministerio de Cultura y para intervenir ilegalmente la Empresa Brasileña de Comunicación, organismo creado en 2007 para gestionar las emisoras públicas de radio y televisión. Más curioso es como se ha denominado a la campaña, acompasada desde los medios de comunicación, para este golpe: Partido de la Prensa Golpista.  


Por su parte, en Argentina, nada más ser elegido presidente Mauricio Macri decide, vía decreto ejecutivo, reformar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual a fin de proteger y privilegiar a los monopolios mediáticos que facilitaron su elección. Una ley que había sido aprobada en 2009 tras un laborioso proceso de participación ciudadana, con la participación de una multiplicidad de sectores sociales y políticos. Sin duda reformas que tratará de utilizar para ocultar su relación con los papeles de Panamá como titular de dos sociedades offshore en paraísos fiscales.


Bueno, sirvan estas reflexiones para alertar de las amenazas y peligros a los que deberá hacer frente cualquier intento de profundizar la democracia, de ampliar la participación y el control de poder político, pero también económico y financiero, por parte de los ciudadanos.  Sirva también para resaltar la importancia de la información y de la comunicación como cauces para lograrlo y, por ello, convertidos hoy en ámbitos en los que el conflicto socia se torna más arduo.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Elecciones generales 2015: reflexiones a bote pronto

La primera impresión que dejan estas elecciones es realmente triste: ha triunfado la connivencia con la corrupción. Desmoralización absoluta. 


El bipartidismo sufre un claro retroceso, pero sigue sumando una parte importante. Si exceptuamos lo grandes núcleos urbanos el bipartidismo sería la norma; y si nos fijamos en la “España profunda” parecen mantenerse  vivas las divisiones de la guerra civil.

La configuración de las cuatro primeras fuerzas, las del bipartidismo y las emergentes, parecen dar lugar a una nueva versión de las dos Españas; renovada, pero  que marca una fractura que el desarrollo democrático desde la transición, y las prácticas políticas seguidas, no parecen haber sido suficiente para propiciarlo.
Foto Tomás Alonso
No sé si estos miedos atávicos estarán en la base de que el drama de los emigrantes y refugiados que están llamando a la puerta de Europa y a la de España, y para los que estas elecciones podría decirse que han sido una gran decepción.

Pienso en los % de jóvenes parados, en las personas desempleadas y sin prestaciones,en los trabajadores con empleo precario... y no veo que estas elecciones les vayan a aportar grandes cambios. Esperemos, al menos, que se rompa esa ley que venimos sufriendo de que la riqueza se reparte entre los ricos, y el paro, la pobreza y la miseria se reparte entre la mayoría de los trabajadores y sectores populares.  

Merece una particular reflexión comparar los votos de las elecciones autonómicas y generales en Catalunya, especialmente en Barcelona, y el distinto comportamiento hacia Ciudadanos y Podemos en una y otra.  También merece resaltar que Podemos haya ganado en nº de votos en Euskadi. Parece que existen políticas no explotadas capaces de respuestas a las necesidades de un estado plurinacional.

Los dos partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, no suman juntos los votos del PP, a pesar de su importante irrupción numérica, que sin duda está llamada a tener un peso mayor simbólica y renovadoramente.
El efecto Ciudadanos parece haberse disuelto en la medida en que su rostro se ha aproximado más a la derecha que a su pretendida centralidad.

Los resultados de Podemos refuerzan las experiencias de cambio en las alcaldías y comunidades en las que entraron con aire fresco, siendo capaces de superar las críticas y descalificaciones desde muchos puntos del “establishment”. Habrá que ver si se trata de genes nuevos en la política capaz de extenderse por el tejido español, regenerando todos aquellos genes tumorados por la corrupción y el servilismo político a los grandes poderes financieros y económicos.

Otra reflexión que debería realizar una determinada izquierda es su sumisión a las “leyes de pureza”, que recuerdan más las prácticas de los fariseos, pues dan la impresión de que piensan más en su propia coherencia, en su respeto a los pretendidos dogmas y leyes de la izquierda, que a las demandas y necesidades de la gente de a pie.


Como conclusiones, recordar que las elecciones no dejan de tener una importancia relativa. Sería peligroso que se olvidara que lo importante es la participación y el protagonismo de la sociedad civil, de los movimientos sociales… esta es la única posibilidad de avance en la democracia real. Sería sumamente peligroso creer que nuestra salvación depende del poder político. No serán los poderosos quienes resuelvan nuestros problemas. No podemos delegar nuestra responsabilidad en la construcción del bien común para todos y cada uno de los ciudadanos de nuestro país, pero también del mundo.

Seguro que no son ni todos ni los más importantes temas, pero son los que afloran primariamente. 

viernes, 20 de noviembre de 2015

El negocio de los bombardeos

Si también tú reconocieras hoy lo que conduce a la paz. Pero eso ahora está oculto a tus ojos. (Lc 19, 42
Dicen que para acabar con el ISIS, o el Daesh, o el Estado Islámico, que ni siquiera se ponen de acuerdo con su nombre, van a acabar con sus fuentes de financiación. Y digo yo que podría habérseles ocurrido antes, a no ser que tuvieran sus razones para no hacerlo, por lo que sospecho, solo sospecho, que en su fundación, como ocurrió con los talibanes o Al Qaeda, así por poner algún caso, anduvieron las habilidosas aunque sucias manos de algunos servicios secretos de cuyo nombre no quiero acordarme.



Dicen que van a cortar las ventas de petróleo en el mercado negro. Es verdad que el crudo es bastante negro, pero se me ocurre que eso de comprar petróleo no es negocio que le vaya a la gente de mal vivir, o sea, a los delicuentillos que suele pescar la policía, porque dadas las cantidades que se manejan y la necesidad de contar con grandes estructuras para almacenarlo o transformarlo, como no sean grandes empresas, no se ve quien puede hacerlo. Tampoco parece que los compradores sean estados, ni siquiera los llamados del eje del mal, como Corea del Norte o Irán, y ni siquiera Venezuela, porque si lo hicieran ya veríais los grandes titulares en la prensa del sistema, o sea, en casi toda la prensa mundial, sobre el estraperlo del petróleo. Así que la cosa es clara, basta con echarle una ojeada a las petroleras.

Únese a esto lo de controlar los donativos y transferencias monetarias, que, por cierto, no se transportan en camello a través del desierto, sino a través de operaciones bancarias, por lo que es cosa fácil de comprobar. Es verdad que son muchos más los bancos que las petroleras, pero los bancos centrales son menos y puestos a la faena, no parece cosa difícil...

Añadamos a lo anterior la cosa de la compra de armas, que aquí son muchas menos las empresas que las hacen y alguien debe saber como van dar los kalasnikof a manos de los Isis o de los terroristas de París, como, por ejemplo, Putin. Se mira la serie y el número del arma (si no lo han borrado) y se sabe quien lo compró y, a partir de ahí, quien se lo facilita a los energúmenos de París.

Eso sí, si os fijáis un poquillo, veréis que la existencia y subsistencia del EI, o como se llame, depende de unas cuantas multinacionales. Pero como lo del negocio y el hacer dinero es cosa buena y honrada, nadie se atreve a meterse con ellos.

Porque si lo hicieran, no solo se acabaría el negocio del petróleo de estraperlo, sino también el de algunas bancos y el de algunas fábricas de armas, y eso sin contar con el negociazo de los bombardeos, que hay que ver qué contentos se han puesto los fabricantes de armas con la solución de Hollande y compañía de arreglar el asunto matando a bombazos a más sirios, y por eso han subido en la bolsa sus acciones como la espuma.

Pero, ¡ay!, es que si algún político se atreve a meterse con tan prominentes señores, aparte de ser evidentemente un antisistema y un sospechoso bicho de izquierdas, tiene menos posibilidades de hacer carrera y seguir en el poder que las que tengo yo de que me elijan Patriarca de Constantinopla.

Juan García Caselles

lunes, 28 de septiembre de 2015

Volver a la tribu, en pleno siglo XXI


Siguiendo la noche electoral me sorprende la similitud entre quienes defendiendo el independentismo decían haber ganado las elecciones (Junts pel Si), y quienes defendiendo la permanencia (Ciudadanos) se consideraban los triunfadores en mantener la unidad de la nación.

Y ambos lo hacían ondeando banderas rojas y amarillas, don distinto número de barras, y coreando los unos su independentismo, los otros su nacionalismo (soy español, español…). La identidad tribal como factor diferenciador y definidor o, como diría la sabiduría popular, los mismos perros con distintos collares.
Y todo ello en un contexto dónde millones de emigrantes y refugiados están llamando a unas puertas que cerramos a cal y canto; y que a penas abrimos para pequeños gestos estéticos. Resulta grotesco e inmoral ese ondear de banderas a orillas de un Mediterráneo convertido en un mar de muerte.

Flamear de banderas en el marco de una globalización económica y mercantil y que ha hecho que la globalización de la solidaridad sea uno de los primeros grandes retos de la humanidad para sobrevivir.
Espectáculo burlesco y lleno de contradicciones pues no solo pierde de vista la dinámica global de la sociedad y que nos ha conducido a un momento de auténtica ruptura económica, política y cultural… amenazas que se ven agravadas por el hecho de que la vida de cada habitante del planeta está ligada a decisiones tomadas fuera de su país y sobre las que apenas tiene influencia. Una globalización, pues, que plantea la exigencia ineludible de construir el hombre y la mujer mundial, universal.

Frente a ello, asistimos a una ceguera e inmediatismo que se manifiesta en unas y otras banderas: los unos, convertidos en amalgama ideológica, incapaces de poder encontrar respuestas a los problemas concretos e inmediatos; los otros, queriendo lograr la cuadratura del círculo: liberalismo económico feroz y agresivo y rostro social, que no oculta sus tintes xenófobos, como ocurre con todo nacionalismo, sea del signo que sea.
Banderas que, más allá de trasnochadas etiquetas ideológicas, rinden culto a la gran idolatría de la globalización de los mercados y que pone de manifiesto algunas contradicciones que tendremos que superar para avanzar en ese otro mundo posible:
  • el egoísmo contra la solidaridad
  • del individualismo contra la colectividad
  • del mercado contra el estado
  • del sector privado contra los servicios públicos


Y, ciertamente, hay muchos ciudadanos y ciudadanas que piensan que otro mundo es posible, fundamentado en una economía más solidaria, en una nueva visión del trabajo humano, en un desarrollo más sostenible… que sitúen a la persona, y no las banderas o las ideas, en el centro. Otro mundo que reclama una nueva generación de derechos, nacionales e individuales que interesaban a la burguesía capitalista, sino derechos colectivos y universales: derecho a la paz, a una naturaleza preservada, derecho a la ciudadanía, a una información “no contaminada”… que sólo pueden lograrse eliminando barreras y fronteras, difícilmente estableciendo nuevos límites y divisiones .

Trato de buscar explicaciones para el comportamiento de ese gran número de catalanes que colocaron la bandera por delante de la solidaridad requerida, y tan solo encuentro una razón: la psicología de masas, aquella que aparece detrás de los más nefastos acontecimientos históricos, y que convierte a las personas en analfabetas emocionales. Una situación que llevó a un  colapso moral, que hizo que la población no se hiciera responsable de las consecuencias de sus decisiones, de su banalidad, de su indiferencia.

Banderas, ideologías, idolatrías… la verdadera cuestión moral es qué responsabilidad tenemos en que determinadas estructuras perduren y qué podemos hacer para sustituirlas por otras.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Crisis de los refugiados en la UE: de aquellos polvos, estos lodos.

Asistimos aterrorizados a las escenas en las fronteras de algunos países europeos, donde los refugiados son detenidos, golpeados, maltratados… todo por huir de una guerra que nuestros países han provocado por razones geoestratégicas, para defender el bienestar de occidente.

Las imágenes que ofrecen los medios de comunicación evocan el modelo de persona predominante en el occidente capitalista: un ser sin conciencia y sin escrúpulos, una piltrafa humana, cuyo único móvil es el económico.

Esto es lo que queda de la Europa que presumía de defensora de los las libertades y los derechos. Objetivos éticos a los que Europa ha renunciado en el proceso de construcción europeo, reducido a un mero trámite para construir la Europa de los mercados y los mercaderes,  al tiempo que se enterraba cualquier vestigio de humanismo del que tanto presumía.

Europa se ha vendido a sus socios, especialmente a los últimos, los procedentes de los antiguos países del bloque comunista, meramente en clave económica; más crecimiento, más riqueza, más bienestar individual… Y esta mezcla de mercantilismo e individualismo está en la base de la actuación de unos gobiernos, y de unos ciudadanos, que se oponen a los refugiados: se tiene miedo de que perdamos esa identidad mercantil europea; quieren islamizarnos, dicen; o quieren quitarnos nuestro bienestar: no hay trabajo para todas las personas; las ayudas para los nacionales…

Europa, sumida en la miseria moral del capitalismo, que ha alcanzado el alma de los ciudadanos, nos va convirtiendo en fieles servidores del dios dinero.

Estas imágenes evocan el Éxodo, cuando pone en boca de Dios: yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de (Europa) Egipto mis señales y mis maravillas (Ex 7, 4). Frase dura, pero que nos señala como en la pedagogía de la liberación el poder siempre reacciona ejerciendo la violencia y promoviendo el miedo cuando el pueblo reivindica mejorar sus condiciones de vida; pero en este recurso a la violencia empieza a demolerse la fortaleza de los imperios; ya que desenmascara su verdadero rostro y posibilita que cada vez más ciudadanos se unan al proceso liberador.


Hoy asistimos al endurecimiento de los corazones de los faraones europeos, los nacionales y los que rigen la propia Europa; en clave bíblica, se está endureciendo su corazón, porque ya no tiene argumentos; ahora es el tiempo de la gente decente, de la gente que se conmueve con el dolor y el sufrimiento de los migrantes y refugiados… Es el tiempo que Dios convoca a su pueblo para salir de la esclavitud del mercado, y recuperar la dignidad de la persona, de todas y cada una de las personas. 

domingo, 13 de septiembre de 2015

Elecciones catalanas, olor rancio a vieja política

Junto al drama de los refugiados y migrantes la realidad viene marcada por las elecciones catalanas, convertidas en plebiscitarias acerca de su posible independencia del estado español. Pero no hay color; la realidad de los inmigrantes indigna y mueve a la compasión (pasión-con) y la solidaridad. Por el contrario, ese olor de las elecciones catalanas me produce nauseas.


Me asquean los procesos electorales (y preelectorales), porque lejos de ofrecerse razones y argumentos, se abusa de argumentarios ideológicos que enmascaran y desvirtúan la realidad; y no sólo por los líderes políticos, sino sobre todo por los medios de comunicación que presumen de independientes. Al final, mentiras sobre mentiras que tratan de embaucar a los ciudadanos,

En el caso de las elecciones en Catalunya me sienta especialmente mal que se desvirtué el sentido de la democracia y de la utopía: presentar el nacionalismo (sea español, sea catalán) como la panacea para solucionar los problemas; proclamas defendidas, para más inri, por quienes han pisoteado la democracia hasta convertirla en moribunda: corrupción, recortes de derechos y libertades; involución en los derechos sociales… Los nacionalismos no son ninguna solución; son la coartada para seguir reproduciendo democracias de baja intensidad, cuando no políticas totalitarias.

Entiendo que la solución a los problemas pasa por aumentar la autogestión y el autogobierno desde abajo, promoviendo cultura y conciencia crítica y alternativa, conquistando espacios de libertad… Por eso me duele ver a tantas personas comprometidas en la lucha por la libertad, embarcadas en la vieja aventura burguesa del estado nación (catalán o español) y hacerlo de la mano de las principales fuerzas afectadas por la corrupción en nuestro país, y en el marco de un complejo proceso de globalización mundialización.

No quiero negar que frente a esa globalización, la defensa de las identidades (no sólo las nacionales) se convierte en un objetivo de primer orden; pero en un objetivo que sólo puede alcanzarse en el marco de un nuevo escenario político, que requiere de la imaginación, pero que sus líneas básicas pasan por reinventar las formas de convivencia; por una nueva política dónde el peso y la fuerza no esté en los estados sino en los ciudadanos.

La referencia inicial a los refugiados e inmigrantes viene bien para explicar la diferencia entre la vieja y la nueva política: las viejas políticas nacionalistas buscan establecer fronteras diferenciadoras y excluyentes, la realidad de los nuevos nómadas acaba siendo vista con recelos y, convirtiéndolos en nuevos chivos expiatorios.

Espero, fervientemente, que la nueva política sea capaz de abrirse paso entre el ondear de tanta bandera de trapo que oculta el dolor y el sufrimiento de tantas personas, que son los “otros”, los extranjeros, con los que no nos queremos relacionar. Una nueva política que no sea reproducir a escala, más chica o más grande, una democracia limitada que sirva de protección a los intereses m industriales, mercantiles o financieros de los grandes poderes de este mundo; una verdadera democracia participativa, en la que el sujeto seamos los ciudadanos.
Estoy convencido que el camino no es independencia si o independencia no; que es un debate que le gusta a las burguesías, pues en él encuentra aliados que van supeditando sus reivindicaciones transformadoras a un ideal que les aliena y subyuga.


El reto hoy no es dividir, sino unir; construir un hogar universal que respete las diferencias; pero las palancas del cambio hay que buscarlas en otros lugares y en otras formas de hacer política. El cambio se construye de abajo hacia arriba; y cualquier intento de trasformar la realidad desde arriba, es una nueva forma de prolongar la dominación ideológica, la opresión política y la explotación económica, en el fondo, verdaderos objetivos de las democracias representativas. 

domingo, 2 de agosto de 2015

¿Una profecía del siglo XVI?

Transcribo un breve texto de Fray Luis de Granada y que, leído y meditado a la luz de los acontecimientos actuales, puede parecer una profecía escrita ex-profeso para nuestros días.

Pues, conforme a esta consideración, sube tu agora, hermano, a este mesmo monte y extiende un poco los ojos por las plazas, por los palacios, por las audiencias y por las oficinas del mundo, y verás ahí tantas maneras de pecados, tantas mentiras, tantas calumnias, tantos engaños, tantos perjurios, tantos robos, tantas invidias, tantas lisonjas, tanta vanidad y, sobre todo, tanto olvido de Dios y tanto menosprecio de la propia salud, que no podrás dejar de maravillarte y quedar atónito al ver tanto mal. Verás la mayor parte de los hombres vivir como bestias brutas, siguiendo el ímpetu de sus pasiones, sin tener cuenta con ley de justicia ni de razón más que la tendrían unos gentiles, que ningún conoscimiento tienen de Dios, ni piensan que hay más que nacer y morir. Verás maltratados los inocentes, perdonados los culpados, menos preciados los buenos, honrados los culpados, menospreciados los buenos, honrados y sublimados los malos; verás los pobres y humildes abatidos, y poder más en todos los negocios el favor que la virtud. Verás vendidas las leyes, despreciada la verdad, perdida la vergüenza, estragadas las artes, adulterados los oficios y corrompidos en muy gran parte los Estados. Verás a muchos perversos y merecedores de grandes castigos, los cuales, con hurtos, con engaños y con otras malas maneras, vinieron a tener grandes riquezas, y a ser alabados y temidos de todos. Y verás, así a éstos como a otros, que apenas tienen más que la figura de hombres, puestos en grandes oficios y dignidades. Y, finalmente, verás, en el mundo, amado y adorado el dinero más que Dios, y muy gran parte de las leyes divinas y humanas, corrompidas por él; y en muchos lugares no queda ya de la justicia más que sólo el nombre della.


Fray Luis de Granada. Guía de Pecadores

miércoles, 20 de mayo de 2015

Miserias éticas en el basurero electoral

Produce una profunda tristeza observar la vileza moral de nuestros políticos, en especial de los del PP, cuando ven que pueden perder parte del poder que ha acumulado en base a la mentira y la corrupción.

La batalla por el ayuntamiento de Madrid se ha convertido en símbolo de esta miseria: la candidata del PP, que no ha dado explicaciones de su acceso a la comunidad de Madrid después de un escandaloso caso de compra de votos, con un trasfondo de turbios negocios inmobiliarios, digno de las mejoras tramas de la camorra; tampoco de la corrupción que está salpicando a sus colaboradores más cercanos, ni los contratos del gobierno de la comisión con hedor a podrido…

Y revestida de este largo traje de podredumbre, se permite descalificar a la candidata de ahora Madrid, primero recurriendo a la estrategia clásica del PP para justificar la corrupción: que salpica a todos, que todos son iguales… Comportamientos que dejan al descubierto la catadura moral de este tipo de personajes, que hace tanto tiempo que vendieron su alma al dios del dinero y del poder, que no les queda rastro de conciencia ni de vergüenza. Esa es la vieja política y la casta que, ciertamente, no afecta sólo al PP, pero sin duda es este partido el que está en las clampions league de la descomposición democrática del país.

Pero no sólo es sepulcro blanqueado de la corrupción. También presume de espíritu democrático, después de haber visto como desde su puesto de presidenta del PP madrileño impone candidatos en ayuntamientos, en una trama de clientelismo político que apunta a la perpetuación de los hilos de la corrupción y de financiación ilegal.

Para poner la guinda sobre tanta putrefacción, trata de arañar votos recurriendo al terrorismo, sin importarle la mentira y la descalificación sin fundamento, No se trata de una lid de ideas, algunos están convirtiendo la campaña política en un estercolero, que es el único medio en que parecen saber moverse, aunque presuman de títulos nobiliarios,
Pero Esperanza Aguirre es el paradigma del PP; no se diferencia mucho de Aznar, Rajoy u otros líderes y de sus tramas de financiación, de la utilización de la contratación pública para su beneficio, personal o de partido…


Pero con todo lo que me repongan este tipo d prácticas políticas, hay algo que me duele todavía más: el que millones de españoles y españolas estén dispuestos a darles su voto y permitirles que sigan con estas prácticas; que rían sus descalificaciones y gracias. Junto a ese dolor, la visión de una sociedad en descomposición. No obstante, no pierdo la esperanza; pienso que son los dolores de parto para que emerja una sociedad nueva y distinta; veo en tanto dolor los últimos coletazos de un monstruo que parece agonizar, aunque sigue provocando víctimas.


En fin, un desahogo mental ante tanta basura electoral, tanta mentira, tantas actitudes de lo que no es ni debe ser la política. Cierto, también va entrando aire fresco y se respiran ráfagas de otros vientos más sanos, pero de momento no son capaces de arrastras tanta contaminación acumulada que sigue asfixiándonos, con la bendición de muchos de nuestros conciudadanos. 
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